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lunes, 3 de junio de 2013

Culminó la primera Feria del Libro en La Plata

Stand dentro de Feria Fuente: Diariohoy.net

En la actualidad existen infinitas maneras y soportes para leer: celulares, computadoras y tablets, que rompen con las estructuras clásicas de lectura. En el marco de la primera Feria del Libro realizada en la ciudad de La Plata, las distintas editoriales demostraron haberse adaptado a estas nuevas tecnologías para generar un mayor alcance de sus libros.

El evento se realizó en el Pasaje Dardo Rocha; contó con más de 107 stands, que permitieron exponer a las diferentes editoriales  y tuvo la presencia de personalidades relevantes, que realizaron charlas con el público en las distintas salas del primer piso del Dardo Rocha, entre ellas: Felipe Pigna, Osvaldo Bayer, Juan Santurain, Pacho O’Donnells, Stamateas y Florencia Saintout.

En materia de libros digitales, María Inés Alonso, coordinadora general de la Editorial de la Universidad de La Plata (EDULP), comentó: "Nuestra idea inicial es trabajar con libros que sean solamente digitales y además, digitalizar todo nuestro catálogo en papel porque el libro nunca se agota, siempre está disponible online y puede llegar a cualquier lugar". 

En relación a esto, desde la editorial platense Javier Bibiloni comentaron que cuentan con una página web que está en pleno proceso de armado y plantearon que tienen pensado la realización de libros electrónicos para descargar o comprar por Internet. El personal de la editorial entiende al libro digital como un complemento más, no como algo que va a remplazar al impreso.

José Cipollone, Secretario de Cultura de la Municipalidad de La Plata y uno de los organizadores de la feria, declaró: "Es un trabajo que venimos haciendo desde hace mucho tiempo convocando a todas las editoriales con la intención de que los platenses nos apropiemos de ella,  y que todos los años vaya creciendo en cantidad de editoriales, autores y exposiciones".


miércoles, 28 de marzo de 2012

Están nominados



Hace un par de días cumplí años, más precisamente 20. La crisis y los cambios que esto representa en mi vida (y en mi autoestima) son temas que pueden llegar a ser interesantes para otra nota. Pero para esta no. 

No fueron muchos los regalos que recibí, pero entre algunos de ellos había un libro, bastante particular por cierto; para una persona que le gusta leer no hay mejor regalo que ese.

“Nominados, la historia intima del reality show más famoso de la Argentina”, ese es el título del mismo, con decirles eso creo que basta para imaginarse “como viene la mano” y cuál es su contenido.

Por si quedó alguna duda el autor, Marcos Gorbán (periodista y ex productor del reality) realiza una minuciosa descripción (o al menos eso intenta) del nacimiento de Gran Hermano desde su más profunda génesis. Así es señores, ni más ni menos que de eso se trata, una cosa de no creer.

A decir verdad no soy (ni fui) muy amante de este tipo de programas, pero no puedo negar que los he visto y hasta he llegado a saber el nombre de cada uno de los integrantes de “La casa más famosa del país”. No estar enterado, no mirar y hacerte el desentendido resulta imposible y todavía más en la sociedad mediatizada en la que vivimos. 

Sin lugar a dudas, Gran Hermano es el reality show más importante del mundo. El de mayores audiencias, el de mayor facturación, el que más fantasías despierta. Es por eso que algo de entusiasmo me despertaba el iniciar prontamente su lectura.

Quería saber lo que todos muchos de nosotros pensamos: ¿Los drogan?, ¿Les dan alcohol para que tengan sexo?, ¿Está todo arreglado?, ¿Por qué están tomando sol todo el día sin hacer nada?, ¿Están guionados? Pero todo se diluyó con el pasar de las páginas. No hay con que darle, el libro que me regalaron es un completo fracaso. (A nivel literario, porque con lo que respecta a las ventas es uno de los más comprados).

Creo que está por demás claro que lo voy a calificar con una luz más que roja, porque lo que plantea es absolutamente banal y con una alta carencia de contenido.
El periodista intenta desarrollar algo que, en verdad, nunca termina de hacer por completo. Quizás por falta de experiencia en la escritura o de información. Al menos la intención la tuvo.

“1984”, la novela política escrita por el magnífico George Orwell, fue la base de inspiración para la creación del reality show, sólo que con mas reglas y menos “frivolidades”. Lo que no puedo definir es si esto es un dato positivo o negativo.

Lo más llamativo es que en el libro “Nominados” en ningún momento se hace de forma explícita el origen verdadero del programa. Lo cual rompe con el esquema planteado por el autor, quien  dice contar la verdadera historia de “la casa más famosa del país”.

Lo único que logro sacar en limpio de todo esto es el poder recomendarles la lectura de “1984”, para que vivan la experiencia de un relato muy ameno y desgarrador. Crudo y a la vez descriptivo en grandes cantidades. Y porque no luego comprueben ustedes mismos que “Nominados, la historia intima del reality show más famoso de la Argentina”, es tan solo un relato frívolo más.

Eso sí, no se les ocurra comprar el libro de Marcos Gorbán, me twittéan y yo se los presto (no se los regalo porque es un afecto muy mío).

Bueno gente, hasta acá llego mi “amor”. Ahora les toca a ustedes sacar sus propias conclusiones y analizar desde sus propios criterios a ambos libros. Nos encontramos la próxima. Hasta luego, Hasta pronto, Hasta chau.





miércoles, 14 de marzo de 2012

Aullidos




A mi hermano Rali

Sh. De nada sirve que te tapes los oídos. No. No hagas fuerza con las manos, no cambia nada, ¿oís? Sí: lloran.

No, tampoco. No busques refugio en una almohada. Están llorando. Y cuando lloran es por eso. Lo sabés. Lo buscaste. Lo leíste y te acordás bien. Te burlaste, te reíste y ahora estás ahí hecho un bollo mugriento, entre sábanas transpiradas de ¿qué? ¿miedo? Terror, eso tenés. Vergüenza te debería dar. Asco, tu incredulidad.

Desenchufá el despertador si se te antoja. Acabás de apagar la única luz que había en la habitación. El click del segundero iluminaba apenas la pared. Sh. No tiembles. A ver, mirá un poco a tu alrededor. Eso. Sacá la cabeza de entre las frazadas. ¿Qué ves? Lo suponías, pero te gustaría haber comprobado lo contrario. Una lástima. Nada. Sólo aquel aullido. Y ahora, éste. ¿Escuchás? Y otro.

Ni los pies podés mover, cagón. Podrías levantarte y acercarte a la ventana. La noche no está clara, no. Tampoco quisiste creer que sería tan pronto. Que sería sin luna. Que no habría nadie en la casa. Que con vos no habría testigos. Sh. No pretendas competirles con el chirrido cobarde de tus dientes.

Respirás entrecortado. Tus dedos ya empezaron a tensarse, los músculos de tus piernas se acalambran lentamente. No te adelantes. Ya vendrá y se juntará con vos. Escuchás que se aproxima. Te imaginás la esquina, el cartel del almacén de Don Ernesto apagado, las cortinas de hierro impenetrables. El árbol del que te colgabas cuando eras un niño, cuando eras curioso. No fue hace tanto, ¿no? Hacé memoria. Ahí lo leíste, a la sombra de ese árbol. Sabías que no eran cosas para chicos, que tu papá te lo había prohibido. Esas cosas son mejor no saberlas jamás. Te lo había advertido tu abuelo.

Leyendas. Mitos. Mentiras, pensaste. Ni siquiera se lo contaste a Juan. A él le apasionaban esas historias. Pero te pareció tan insignificante –sh, escuchá- que ni siquiera abriste la boca. Juan les tenía respeto a estas cosas. Los escuchaste con lo de él en el hospital, y después con lo de tu tía, pero seguías negando lo indudable. Un capricho estúpido. ¿Ahora entendés, no? Tan sólo si te acercaras a la ventana unos segundos…

Te imaginás las fauces, mínimamente abiertas. Los dientes filosos dejando pasar el fétido aliento que agrieta el silencio hasta llegar. A vos. Al borde de tu colchón roñoso. Sentís el aire caliente en tu oído. Escuchás la agudeza hiriente de los aullidos. Te los imaginás acompañándola. Unos, atrás, otros a su lado. A su paso. Volvés a ver la esquina, el cartel del almacén apagado, el árbol, las rejas de la casa de Doña Alicia.

Abrís los ojos. Te movés rápido. Te duele el cuerpo. Te dan arcadas. Tratás de incorporarte pero es difícil. Probás intentando sostenerte con los brazos. Buscás algo. El teléfono está muy lejos. Dejaste el celular en la cocina. Se te ocurre caminar hasta ahí, pero tenés que abrir la puerta e intuís que –te gustaría con el alma negarlo, pero estás casi seguro- están escondidos al final del pasillo. Agazapados. Te esperan.

Desistís. No es tarde. Faltan muchas horas para que amanezca. Pensás que quizás no llegues a ver amanecer. Pensás que fue lindo esa madrugada con ella en el dique. Pensás que de verdad te gustaba. Pero te olvidás, hijo de puta, lo que hiciste aquella vez.

Pensás en ella. Pensás en el auto, adentro, los asientos, las manos, sus piernas, tus dedos, el camino, las curvas, los policías ausentes. El túnel. La piedra y los grafitis. Su boca. Sonreirías pero se te resquebrajaría el rostro. El freno. La arena. La maniobra, el golpe seco. No tenés el coraje para disfrutar del recuerdo. La respiración unísona de ellos se confunde con la tuya. El latido es uno solo, que viene de debajo de las colchas, no hay otro. Pero falta poco para el silencio, la afonía. Y temblás.

No lloriquees.

Rengueaba. Ahora la memoria te horroriza. Rengueaba doblando la patita. Daba saltos cortos. Ella miraba asustada. Te gritaba. Vos gritabas. Gemía y daba saltitos, doblaba la pata. El cascote. Ella que pedía que no lo hicieras. ¿Qué querías demostrar? ¿Qué? El golpe. 

El aullido. ¿Escuchás? Sh. ¡SH! Oí. El aullido, las piedritas derrumbándose. El llanto. El aullido.

 El beso. Sus ojos, lloraba. Te reías.

Gruñen. No ladran, gruñen y tiembla el suelo. Escuchás el portón, afuera, vibrando. Se acercan.  Te reconocen. No te olvidaron. Vienen. La acompañan. El libro, podés evocar cada letra. Un sombrero. La oscuridad no te va a dejar llegar. No podés ni pararte. Percibís diáfano el sonido de sus pezuñas contra la baldosa, el pasillo, la puerta. Sh. Tranquilo. No será lento, no. Como las piedritas golpeando los cardones, cayendo. Rengueaba. Y ahora vos no sentís las piernas.

El portón hace ruido. Se golpea. No es viento. Se golpea. Es su aliento. Más cerca, caliente. Aúllan y te tapás con las manos las orejas, te lastimás. Abrís la boca, la mandíbula te duele, la abrís más aún pero seguís escuchando la estridencia de sus dientes detrás de la puerta. Gruñen. Afuera se escucha que lloran, cinco, ocho, diez. El vidrio cruje.

Arañan el piso con las uñas. Te imaginás los hocicos apenas abiertos y te duelen el oído, el alma, la boca. Escuchás el chirrido lánguido en el vidrio. Lloran, aúllan.

Jadean. Vos, ellos, jadean.

Si tan sólo te acercaras a la ventana.

Álvaro Vildoza
octubre  2011


* Nota: Se dice que los perros anuncian la muerte; ven las ánimas y aúllan. Se dice, también, que cuando se mata a un perro, los demás saben quién lo hizo y tarde o temprano se lo cobran.
** 1er Premio (compartido con Sara Manghesi D'Alessio) del Concurso "Cuentos Perturbados", organizado por la Dirección de Letras de la Municipalidad de La Rioja. Noviembre de 2011.

lunes, 12 de marzo de 2012

Hoy quiero leer


"A veces tienes que estar alejados de aquellos a los que quieres, pero eso no significa que no los quieras, muchas veces eso te hace quererlos aun mas"

                     

"La última canción" es una novela de Nicholas Sparks basada en la película del mismo nombre, protagonizada por la cantante Miley Cyrus.La historia esta centrada en Ronnie Miller, una chica que se ve obligada a pasar un verano con su padre divorciado, donde descubre que el amor puede estar en las grandes personas, así como también en las mas pequeñas.

Acepto que soy, en el fondo de mi corazón, una romántica nata. Como dice Will, el jóven del cúal se enamora Ronnie; no me puedo "hacer la mala cuando leo novelas de amor y quiero salvar a las tortugas". Pero esta novela fue mucho mas allá de eso...

Si hay algo que me encanta de este autor es la facilidad de hacerme llorar que tiene. Todas sus historias tienen ese "no se que" que hace que te sientas identificado al máximo con cada uno de sus personajes. Quizá sea su manera de contar las cosas desde los muy diferentes puntos de vista de los que componen su obra.

La reconciliación entre padres e hijos, el saber aprender a decir perdon, la perdida de un ser querido, el primer amor... Recuerdo haber querido abrazar a Ronnie en los momentos en que lo necesitaba, o ser ese hombro para su papá. Son esas clases de libros que después de leerlos y llorar todo, vas corriendo a decirles cuantos los querés y valoras a cada persona que forma tu vida, esas personas que no quisieras perder.


sábado, 3 de marzo de 2012

Lecturas de verano



Las vacaciones nos regalaron un tiempo infinito que se nos fue, probablemente, descansando cada uno a su manera. Pero dudo que en algún momento, en una de las tardes calurosas que padecimos los platenses, no hayamos leído lo que sea que tuviéramos a mano. Un libro olvidado de cuentos, una novela larguísima, los apuntes para marzo (con suerte).

En mi caso, Roberto Arlt se me apareció con sus Siete Locos, una novela exquisita que retrata las miserias humanas y se convierte en una profecía de lo que será la década infame del `30. La historia se centra en Erdosain, un hombre pobre y gris que comete un robo en la fábrica en la que trabaja. Para no ser descubierto, se desespera en la búsqueda de quien pueda darle un préstamo. Es así que llega al Astrólogo, el líder de una organización que busca la revolución. El resto es un placer, Erdosain comete soliloquios que merecen ser aplaudidos y se empapa de la nueva ideología que le presentan.

Por supuesto, luego de leerlo vamos a querer más. Es así que llegaremos (tal vez) a Los Lanzallamas, la continuación que Arlt pensó para los curiosos. En esta parte se concreta el plan de revolución, y cada uno de los personajes se enfrenta a sus decisiones. Erdosain es nuevamente el protagonista y sufre la locura de la soledad y su amargura natural hacia la vida. ¿Recomendables? Muchísimo, Arlt hace fácil meterse en la piel de un hombre que se sigue preguntando por qué vivir.

Otro que vino hasta mí fue Julio Cortázar con Historias de Cronopios y de Famas primero, y con Rayuela después. Surrealismo, propuesta de juegos con el lector, ambas absolutamente fascinantes en su forma de encarar la narración. En Historias de Cronopios y de Famas tenemos un surtido instrucciones, ocupaciones raras y material plástico. Imposible no llorar siguiendo las instrucciones del autor con un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza (…), imposible.

Rayuela, por su parte, es un juego exquisito. Leída de corrido o como en Elige tu propia aventura, se convierte en un entretenimiento asegurado. La trama gira en torno a Horacio y la Maga, dos exiliados, él argentino y ella uruguaya, que se encuentran viviendo una vida prestada en París. Cada uno con sus miedos, sus prejuicios, y su forma de construirse el mundo tienen una relación fuerte y ecléctica. Rayuela es para leer con tiempo, con ganas, y con un diccionario de francés al lado.

Desde luego, me llegaron muchas más historias (prestadas y sugeridas) para disfrutar. Mario Benedetti vino con La tregua y La borra del café, con sus cuentos completos y esa forma maravillosa de decir. También Roberto Bolaños con Putas asesinas y Boquitas pintadas de Manuel Puig, ambas tan atrapantes como innovadoras. Pero de ellos hablaremos en otra nota;  por ahora les dejo la sugerencia de aprovechar lo que queda de las vacaciones con los grandes escritores que latinoamérica nos ha dado, que son muchos y dignos de ser lecturas de verano.