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sábado, 1 de marzo de 2014

Desde María Birba, mestizajes del sur




El tenaz espíritu emprendedor de María Birba la llevó a trabajar durante dos años en "SURreal", un proyecto editorial que involucra a músicos de Argentina, Uruguay y Brasil, que confluyen en sus historias y trayectorias y a los que María muestra en su cotidianidad. Hoy, con el libro bocetado ya un poco ajado de tanto mostrarlo, la fotógrafa porteña se reúne con nosotros para contarnos cómo surgió su idea y quiénes la ayudar en el camino.

Por Bárbara Dibene
Fotos e infografía: Álvaro Vildoza

El punto de encuentro es una paqueta librería de Palermo a la que María llega entusiasmada y cargada con varios bolsos. Después de la entrevista tiene que reunirse con Carlos Aguirre para filmar uno de los tantos videos de promoción que tiene planeados. "Estoy en campaña, chicos", comenta sonriente y se pide un cortado.

Aunque su primera profesión fue el diseño gráfico, el trabajo en un estudio de fotografía la acercó a esa forma de expresión y a los músicos, que concurrían para realizar fotos de prensa o para las tapas de los CDs. Durante este período, además, tuvo la posibilidad de viajar a Uruguay a cubrir festivales y comenzar con el registro de imágenes en shows. El tiempo y las vueltas de la vida la llevaron a conocer a Carlos Aguirre y a los chicos del trío Aca Seca, que la hicieron plantearse una primera idea del proyecto que vendría. "Yo veía que había un movimiento musical que no tenía nombre, que no se sabía que era, si jazz o rock o folclore, y quise que quedara registrado como un grupo de gente concreto y por fuera del escenario, en sus otras facetas".

Más adelante y por cuestiones laborales, comienza a trabajar para Brasil y tiene una revelación que le aportaría la diversidad al libro. "Con los viajes me di cuenta de que los músicos de allá y de acá compartían escenarios o incluso proyectos, que se estaba armando una red. Hoy por hoy, casi todos los que conozco han tocado juntos alguna vez". Gracias a esto, se propone registrarlos bajo el concepto de música mestiza del sur e incluir, por supuesto, una banda sonora original que acompañe la publicación.

Con la mente más clara, desde el 2000 comienza a fotografiar a los catorce músicos seleccionados, de los que además es amiga. "Yo tengo una relación que superó la de fotógrafa que registra un show, por eso todo se dio tan naturalmente. Los músicos elegían un lugar propio, feliz, bajo la consigna de que tuviera que ver un poco con la génesis de su creatividad. Algunos optaron por su propia casa para mostrarme cómo arreglaban el jardín, como en el caso del Negro [Aguirre], o tejían al crochet; con otros caminamos el barrio, por ejemplo, con Andrés [Beeuwsaert] fuimos hasta la verdulería. Por esto puedo decir que no eran fotos producidas, o no tan producidas. Algunos me dijeron que hasta no se daban cuenta de que los estaba fotografiando".

Músicos participantes CARLOS AGUIRRE// JUAN QUINTERO// NORA SARMORIA// DIEGO SCHISSI// ANDRÉS BEEUWSAERT// EDGARDO CARDOZO// HUGO FATORUSSO/ /BENJAMIN TAUBKIN// LEAFREIRE// SERGIO SANTOS// ANDRÉ MEHMARI// CHICO PINHEIRO// HELOISAFERNANDEZ// RAFAEL ALTERIO

Después de esta primera etapa vinieron las cuestiones del diseño, que las delegó en una colega de confianza, y fundamentalmente las de la financiación. "Al principio la idea era ir a lugares convencionales como la Secretaría de Cultura de la Nación, de la provincia de Buenos Aires o de la Ciudad. Hablé con mucha gente amiga que tiene proyectos con este tipo de instituciones, y todo bien, pero hay mucha burocracia que me iba a perjudicar. También pensé en vender el auto y hacer esa inversión, pero la cuestión era complicada".

Fue Tatu Estela, el director de Taringa Música, quien le propuso acercarse al impulsor de Panal de Ideas para lanzar el libro por esa vía. Esta plataforma permite el financiamiento colectivo no sólo por aporte económico, sino además por voluntariados donde uno puede pedir u ofrecer diferentes servicios. Otro beneficio para los usuarios es que Panal no cobra una comisión fija, sino que quien utiliza esta vía decide cuánto pagar por el servicio. Para María, esta información fue lo que terminó de definir su concepto, "realmente fue la forma más feliz que encontré para sustentar este libro porque logra que la gente se sienta parte. Por ejemplo, pedí un poco de difusión, porque esto funciona muy bien como pre-prensa. Cuando salga va a haber un montón de gente ya informada y con el libro".

Accediendo por la web al proyecto SURreal, cualquiera puede colaborar desde cincuenta pesos y hasta 5 mil, esta última cifra especialmente orientada a empresas e instituciones. La meta es reunir poco más de 46 mil pesos para la financiación de una primera edición del libro. Mientras tanto, los colaboradores reciben una versión en PDF, fotografías y\o la banda sonora, dependiendo qué aporte hagan.

María asegura que le costó mucho pedir ayuda, tal vez por prejuicio, pero que luego se dio cuenta de que los músicos estaban dispuestos a colaborar en todo lo necesario. "Antes quería mantenerlos al margen, pero cuando les escribí para preguntarles su opinión sobre cómo financiar el proyecto, el Negro me ofreció hacer algo con su editorial, Sirirí, y lo hice entrar por Panal. Esa forma colaborativa de trabajar coincide con su pensamiento, todo se dio en el momento justo".

Por otro lado, logró arreglos con Taringa Música, Café Vinilo y la imprenta Graficar, por lo que son muchas las personas e instituciones involucradas en la publicación de su libro. "Y este es el primero, después tengo en la cabeza uno de cantoras y otro de nuevos compositores que conozco y son unos grosos".

Mientras nos muestra el boceto terminado, María nos confiesa su ansiedad, "tengo la necesidad de sacarlo a la calle, que llegue a la gente y todo se acerque más. Este libro me dio mucha felicidad a mí, a los músicos y a los que colaboraron. Fue muy fructífero". Luego guarda todo cuidadosamente y antes de despedirse apurada por los tiempo, reflexiona: "este es el año de lo colectivo y eso es lo que realmente te ayuda a crecer".


lunes, 24 de febrero de 2014

Arte sobre piel



Por Bárbara Dibene
Imágenes y edición: Álvaro Vildoza

Maris y Fernando hacen arte sobre piel, así se describen y así viven su oficio desde hace varios años. Aunque hicieron caminos diferentes, ella en Argentina con diseño de maquillaje y peinado, y él en Uruguay con un recorrido por las artes plásticas, ambos terminaron dedicándose al body painting. El trabajo y los viajes fueron los grandes motivos de su unión profesional y de amistad, que recientemente los llevó a realizar un encuentro conjunto en "La carpintería Cultural".



Drexler acompañó la jornada de más de seis horas durante las cuales Maris Bustamante y Fernando Machado trabajaron sobre sus modelos. Como grandes profesionales, Horacio y Abraham mantuvieron la paciencia y la postura, perfectamente sentados en taburetes y bajo los focos de luz de la carpintería. A su alrededor, una veintena de espectadores juntaron sillas y compartieron el único mate del lugar. Algunos lo acompañaron con porciones de la torta que se ofrecía en la barra, otros, menos ansiosos, esperaron que la primera ronda de pizza estuviera lista.

El bullicio no desconcentró ni un momento a la pareja de artistas, que trabajaron basándose en diseños bocetados y especialmente creados para la ocasión. "Por lo general esta es la manera más rápida y cómoda de maquillar, sobre todo cuando tengo poquitas horas. Aunque a veces sí se improvisa, o al menos algunas partes... como en este caso vamos a hacer con la espalda", nos comentó Maribus mientras terminaba de retocar el pecho de su modelo. Fernando coincidió en esta facilidad en el trabajo y agregó: "En mi caso traté de hacer algo acorde con el espectáculo brasilero que nos continúa y la propuesta fue crear un aborigen y representar algunos elementos. Algo de la fauna y del maquillaje tribal de la amazonia brasilera, aggiornado al maquillaje artístico".

A pocos pasos de ellos, colgaban unas cintas donde la gente podía poner su opinión. Uno por uno, con letras poco acostumbradas a la mano o perfectamente caligrafiadas, los visitantes hablaron de su amiga Maris, el descubrimiento de Fernando y el ambiente cálido de la carpintería. Uno de sus dueños y compañero de comparsa de Maris, Germán, nos contó que ella fue la que se acercó con la propuesta para dar a conocer más el arte del body painting en La Plata, además de darle el espacio a su compañero uruguayo.

Con el éxito de los comentarios, los diseños casi terminados y la gente sumándose hasta en las mesas del patio, el espectáculo de Franco Acuña, "Franquinho do samba" fue el perfecto cierre de un encuentro de este y del otro lado del charco.

Desde Transeúntes los invitamos a conocer los trabajos de estos grandes artistas!


http://www.maribuscarballo.com.ar/
ImaginArt




lunes, 30 de diciembre de 2013

No hay calor que deje sin pacota al Niño


Diciembre es un mes riojano, escribía Arturo Ortiz Sosa en los años 60 para la corresponsalía del diario La Nación; es en este mes tan ardiente, en el que se juntan las familias y las fiestas de San Nicolás, el Encuentro y la Nochebuena, cuando los pastos se secan, y muchas familias desempolvan las cajas con las figuras de un Jesús recién nacido para "armar" el pesebre y esperar el canto de las "pacotas", homenaje que hace más de un siglo, jóvenes y adultos le dedican con coplas y vidalas navideñas. Transeúntes acompañó a una de ellas, desde el ensayo hasta la sexta y última visita.




—Por acá, por acá —gritó un hombre salido de la oscuridad. Saludaba desde la mitad de la calle. —La señora está enferma y los está esperando.

—Se viene el cuarto, no más. ¡Che, para allá! —Hulda, guitarrista y profesora de música, con su instrumento al hombro, dio media vuelta y guió a la “pacota”, el grupo de seis niños, dos bebés y unos cuantos adultos que habían salido a cantarle villancicos al Niño Dios. Caminaban todos juntos al ritmo que Panchi, de once años, marcaba sobre el tambor. Los demás cantaban, o conversaban, buscando la estrella de luz sobre la casa en la que estaba armado el pesebre. 

Los valientes del barrio, que escuchaban el alboroto y salían a la vereda dejando atrás el aire acondicionado, miraban encantados al grupo que avanzaba; algunos señalaban el camino, hacia tal o cual patio, o tal galería, o bajo esa parra; otros, habrán deseado “vestir”, como se dice en La Rioja, al niñito Jesús, para que la música llenara de cerca unos pocos minutos de la noche.

—Allá, allá, hay que cruzar —ordenó una de las pacoteras más grandes; llevaba dos nenas de la mano, miró a los demás y cruzaron todos juntos. Debajo de una estrella azul, hecha de alambres y luces, esperaba más gente. César, con el charango sonando, fue el primero que llegó, saludó, intercambió felicidades y todos pasaron al patio.

En una hilera semicircular, los dueños de casa y algunos vecinos aguardaban sentados frente al pesebre. Apenas unos focos encendidos colaboraban con la iluminación íntima y especial, dedicada a la imagen del Niño Dios, notablemente más grande que el resto de las figuras, ya que originalmente las familias ubicaban sólo al recién nacido, para ir agregando otras con los años.

Las figuras, cuentan, se heredan por generaciones y son guardadas con mucho cuidado hasta cada 8 de diciembre, cuando cada integrante de la familia cumple con su tarea asignada: se allana la tierra, se prenden estrellas, se busca y se pone pasto, se construyen pequeños lagos, y con bolsas de papel pintadas o cubiertas de polvo de ladrillo se forman montañas, refugio ante el sol siestero, como las de La Rioja misma. Más tarde se colocan las figuras de los reyes magos, los pastores, las ovejas y los burros, todos admirando al Niño, al que con orgullo se le obsequian también los primeros higos y las mejores uvas.



La guitarra dio el primer acorde, el charango y el tambor marcaban el ritmo, y los niños, con toc toc, panderetas y maracas caseras armadas con envases de yogurt, acompañaron el canto de los más grandes y cantaron ellos también:
Venid, pastorcillos,
venid a adorar,
que el Rey de los cielos
ha nacido ya.

Todos, visitantes y visitados, cantaban y aplaudían. Desde la calle sonaban los estruendos de las cañitas voladoras y petardos con los que los vecinos celebraban el homenaje del coro al Recién Nacido.

Con el final de los cantos, aparecieron la dueña de casa y sus hijas, felicitaron emocionadas a los pacoteros y les ofrecieron gaseosa bien fría y chupetines “para los más chicos”. Antaño, el refresco era aloja, una bebida dulce elaborada artesanalmente con el fruto del algarrobo; hoy, en cada pesebre, los agasajados convidan pan dulce y sirven agua mineral, gaseosas y hasta regalan bolsas con hielo, pues el calor es tan intenso que seca las bocas de los cantores y el frescor de las bebidas no dura mucho al aire libre.

Cuando los obsequios terminan, la pacota continúa su camino, en busca de estrellas o de invitaciones que muchas veces los hacen retroceder. Los chicos aprovechan para intercambiar instrumentos, enseñar a los menos experimentados las letras de los villancicos, y, entre gritos y saltos, se mojan la cabeza con agua fría, adelantándose a los carnavales chayeros que todos esperan, en un febrero más templado. 


jueves, 5 de diciembre de 2013

Let`s Hangout, otra forma de aprender idiomas en La Plata





Por Bárbara Dibene y Álvaro Vildoza
Fotos: gentileza de Let´s Hangout

—Che, ¿y ésta de qué país es? Creo que no la había visto nunca en mi vida —dice una rubia muy alta mientras señala una de las banderas que están sobre la mesa de entrada. A su alrededor, varios chicos intentan adivinar la respuesta y uno pelea con el sticker de una de Colombia. Casi todos eligen la de Estados Unidos, que indica que estuvieron allí o que pueden comunicarse con los que hablen en inglés; otros, le añaden una de Brasil, otros la de Francia, o la de Canadá. Algunos tienen tres o cuatro banderas pegadas en fila, desde el corazón hasta la panza.

En "Lo de Dardo", un espacio pegado al café del Centro Cultural Dardo Rocha, suena desde adentro el ritmo bossa que acompaña a los jóvenes organizadores del evento Let`s Hangout. Manuel Alfano es uno de ellos y quien hace las veces de mozo, yendo de la barra hasta las mesas de afuera, donde varios grupos de chicos comienzan a charlar entre sí.

La idea es simple pero efectiva, tener un espacio donde practicar idiomas "de una forma divertida y no convencional". Cada participante sólo tiene que elegir las banderas que representan los idiomas que conoce
y comenzar a charlar sin consignas ni temáticas establecidas. La libertad y la posibilidad de interactuar con gente que comparte intereses logra que la timidez se vaya perdiendo. Después de unos minutos, los recién llegados se integran y los acentos se mezclan.


Manuel aprovecha que todo está en marcha y se sienta a la mesa para contarnos sobre este proyecto que está en su etapa inicial. Nos invita una cerveza y sólo se interrumpe para saludar con una sonrisa a los que van entrando al lugar.

"Todavía estamos en plena prueba piloto, pero vamos bien. Cuando inauguramos tuvimos gran repercusión. Todo el mundo estaba contento y preguntaba cuando volvíamos a hacerlo. Este es el cuarto y último encuentro del año, pero esperamos seguirlo".

Fundación ciudad de La Plata funciona desde 1983 y busca promover y desarrollar, entre otras cosas, la cultura de la sociedad platense. El proyecto Let´s Hangout se gestiona gracias a ellos y el impulso dado por Manuel y otros jóvenes que participaron del programa de intercambios y voluntariados de AIESEC. Todos compartían las ganas de viajar y aprender las costumbres y características de otros lugares del mundo.

"Cuando nos juntamos con Pame y otras chicas para formar una especie de comité organizador, la idea fue pensar cómo articular el proyecto y conseguir el espacio. Por suerte, teniendo el apoyo de la fundación para acercarnos a la secretaría de cultura, pudimos conseguir este espacio y el año que viene esperamos poder ir rotando todos los meses".

Las historias de los que llegan al evento no son tan diferentes. Muchos se enteraron por el Facebook o por los comentarios "de un amigo de un amigo" y les llamó la atención. También comparten viajes por cursos o programas de intercambio y la necesidad de mantener y mejorar el idioma. Algunos parecen tímidos al principio, y otros rápidamente encuentran de qué hablar.

"Este es un buen momento para este proyecto. Se están generando movimientos culturales nuevos y originales, como las rodas. Esto innova para el platense porque no hay una "metodología". Acá se puede tomar algo, tranqui, e ir soltándose".

Manuel nos despide resaltando la ayuda de difusión que recibió de Pachi, dueño del hostel de Frankville, donde también funciona la radio que mantiene activa con los viajeros. Para el año próximo espera seguir el proyecto con sus compañeras, sumar gente y trabajar aún más para que Let`s hangout se conozca en toda la ciudad y logre posicionarse como una gran alterativa cultural y de aprendizaje,



Para encontrarlos en facebook pueden hacer click en: Let`s Hang Out.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Carlos Aguirre, un músico emprendedor


Presentación durante la última edición del FIFBA

Por Bárbara Dibene
Fotos: Álvaro Vildoza


"¿Por dónde empezamos?", pregunta Carlos Aguirre mientras se sienta en el piso sobre un almohadón. Hace apenas unos minutos terminó uno de sus shows y su tono es tranquilo, amable. En la carpa de los músicos sólo quedamos nosotros y él, sonriente, nos ve sacar la cámara y un pequeño anotador.

En septiembre, Carlos presentó su libro de partituras Canciones I, donde recopila parte de su obra para dejarla fundamentalmente a disposición de los más jóvenes. "Yo como estudiante vi un hueco grande en cuanto a la bibliografía que ofrecía la facultad. Hay muy poco escrito de autores argentinos y no entiendo por qué. En la biblioteca podía encontrar con facilidad cosas de Ginastera y otros clásicos, pero pareciera que después de eso no se hubiera hecho registro de nada más".

La editorial encargada del gran lanzamiento es Sirirí, un proyecto autogestionado por el propio músico y su manager y socia, Gabriela Redero. Este no es el primer emprendimiento que encaran juntos, ya que desde hace más de veinte años son parte del sello discográfico Shagrada Medra. "La editorial surge desde un hecho colectivo, desde pensar nucleamientos y la posibilidad de ayudar en la recopilación de historias. El caso del sello fue parecido, en Buenos Aires no nos daban bolilla y con mis compañeros no teníamos dónde publicar. Así que dijimos 'hagámoslo nosotros', aunque en ese momento no teníamos idea de cómo se hacía. Por suerte, fue una época en la que los pequeños sellos proliferaron y todos compartíamos nuestras experiencias".

Aguirre asegura que una de las cuestiones más difíciles de sus emprendimientos es la distribución. Ante la resistencia a comprometerse con grandes empresas que se encarguen de esa tarea y aumenten los costos de los libros y discos, las alternativas buscadas tienen que ser efectivas y económicas. En el caso de Canciones I, decidió hacer las presentaciones en diferentes facultades, donando ejemplares a sus bibliotecas para que puedan llegar a la mayoría de los estudiantes. Para los discos, sigue eligiendo lo artesanal y aunque cueste más, se trata, como dice él, de una "militancia cultural".




Después de compartir escenarios con grandes referentes de la música clásica y popular, el entrerriano conserva su humildad y ganas de seguir aprendiendo. Desde hace casi un año realiza una gira por el interior de su provincia con el propósito de reunir material y armar un cancionero con autores del litoral. "Me debía un estudio a conciencia de la música de mi región. Esa es la razón de esta gira que me lleva a recorrer muchos pueblitos. En cada uno organizo una mateada desde las cuatro de la tarde hasta la hora del concierto. En ese momento tengo la oportunidad de conocer músicos y otras personas que me cuentan cosas, así me voy haciendo un mapa más real, más tangible del lugar".

Por otro lado, la gira intensificó su curiosidad y sus ánimos por registrarlo todo. Cuando las distancias son cortas y puede quedarse a dormir en el pueblo que visita, aprovecha las mañanas para sacar fotos y grabar audios  para captar su "biorritmo". Al irse, se lleva con él un cargamento de experiencias que espera poder volcar algún día en sus composiciones. "Como en la Argentina latente, esa que no sale en los medios pero es esperanzadora, estoy contento de encontrar gente haciendo cosas hermosas".

Durante los viajes, por supuesto, no faltan las anécdotas y más de una vez Carlos y su socia se han perdido tratando de encontrar tal o cual pueblito. "Hubo veces que nos pasamos por varios kilómetros y el nombre del lugar ni siquiera apareciera en google. Por suerte con Gabi siempre llegamos a destino y la pasamos bien. Ella viene de la comunicación y tiene una vocación muy fuerte. Le encanta observar y anotar todo, es la que lleva el registro más fuerte".


Con decenas de canciones suyas versionadas por otros músicos y canciones que él mismo ha tomado para trabajarlas, Carlos está convencido de que lo que hace es totalmente recíproco. "Si alguien está por sacar un disco, uno puede ayudarlo con los arreglos. O si yo estoy versionando canciones de otros, como lo estoy haciendo ahora con temas del litoral, acepto sugerencias y aprovecho para meter cosas de compositores actuales. Se da un ida y vuelta que es muy lindo, muy enriquecedor".

Antes de despedirse, Aguirre nos escribe su mail "por si necesitan algo" y reflexiona sobre su momento actual. "Estoy contento, estoy haciendo lo que hace muchos años quería hacer. La idea es seguir y lanzar un libro por cada uno de mis discos. De alguna manera vuelvo a mis inicios por un rato y además sigo componiendo, con el destiempo que me lleva plasmar en mi música las grandes cosas que voy registrando de todos lados".

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El Jardín de los sabores

Imágenes y edición: Álvaro Vildoza

Transeúntes sigue en la búsqueda de proyectos originales y emprendedores en La Plata y el resto del país. Hoy queremos compartir con ustedes el trabajo de "El Jardín de las Viandas", un pulmón en la ciudad donde se puede comer rico y disfrutar de la frescura de las plantas. Alejandro, su impulsor, nos cuenta cómo surgió el proyecto que promete seguir creciendo. 




Un gato gris ronronea y se pasea por el camino de cemento que va desde la puerta hasta la cocina del Jardín de las Viandas. El sol de mediodía le hace brillar el pelaje y seca el rocío del pasto sobre el que las mesas y sillas de colores ya están puestas. Cuando una joven pareja llega con su hijo, el gato corre y salta hasta una de las medianeras. 

—Gatito, vení, vení. Mami, gatito—balbucea el nene y señala hacia la pared.

—Se llama Crispin, ya cuando baje lo vas a poder tocar—lo consuela el mozo, Raúl, mientras se acerca a la mesa que ocuparon los recién llegados. — Hola, chicos, ¿qué van a pedir?

—Qué tal, dos menú de pescado y ¿puede ser una hamburguesa para él?—La mujer alza al nene e intenta distraerlo con un video en su celular.

Raúl, alto, morocho y con el delantal negro impecable, regresa a la cocina y cuelga un papelito con el pedido. Luego comienza a hacer los panqueques para ayudar a Kairé, una de las cocineras, que está preparando la salsa. En la habitación de al lado, donde están el estante con la vajilla y una mesa larga con varios cuchillos, el dueño del jardín termina uno de los platos del día.

Alejandro es paisajista y desde el año ´98 se dedica a cuidar de sus plantas. Lo que un tiempo fue un vivero, hoy es un emprendimiento que lo tiene trabajando a tiempo completo. Las Viandas del Jardín, actualmente el Jardín de las Viandas, nació como un proyecto personal de preparar comida en el quincho de su casa y hacer delivery en el barrio. Desde principios de este año, las circunstancias y ayudas que recibió le permitieron incorporar nuevas personas hasta abrir un restaurante al aire libre con un menú rico, variado y económico.



—Lo que yo quiero es que la gente venga con ganas—asegura Alejandro, que se toma un momento y se sienta al aire libre—. Nosotros les ofrecemos una comida casera y estoy contento porque está resultando. Antes muchos pasaban y se quedaban viendo el jardín. Hoy, además, pueden ver desde la calle la cocina, que quedó muy luminosa, y eso les llama la atención.

En el fondo del jardín está la cocina con sus hornos industriales y tres mesadas con algunas tablas de madera para picar. La heladera, tan blanca como las paredes, permanece recluida en un rincón y llena hasta el tope de los estantes. Alejandro la señala y ve cómo “León”, un gato gordo y rubio, aparece y le salta hasta las piernas. Su dueño lo acaricia y sigue hablando de los orígenes de su emprendimiento:

—Yo cocino desde chico, me encanta. Desde los 17 años que vivo solo y siempre me gustó comer cosas bien hechas. Con los años me fui refinando en mi propia cocina. Siempre dije que si las cosas no funcionaban me iban a meter de lleno con esto.

Raúl se acerca con bandeja en mano a una mesa donde están charlando un grupo de mujeres. Les deja dos potes con salcitas, la panera con grisines caseros y la gaseosa. Desde la cocina, Kairé le avisa que pronto saldrán varias porciones de lasaña con salsa blanca. Todas deciden pedir eso, pero una pregunta si la salsa puede ser boloñesa.

—No hay problema, en unos minutitos ya están, chicas—asegura Raúl y va hasta otra mesa, donde una pareja se acaba de sentar.

El staff del Jardín tiene presente que los gustos de los clientes son tan personales como infinitos, por eso siempre hay una alternativa a los platos originales. Como proyección, prometen en poco tiempo abrir durante las tardes y ofrecer meriendas que incluyan variedades de tortas, tés, cafés y tragos. También, esperan que la iluminación les permita tener menúes de cena y espectáculos que acompañen las veladas. Por ahora son muchos los planes y mucho el trabajo para mantener en funcionamiento este emprendimiento.

Alejandro baja a “León” hasta el pasto y camina hasta la enorme enredadera que cubre la pared del edificio vecino:

—Esto había que aprovecharlo y ahora casi estoy viviendo acá. En el trabajo no tenemos un horario demasiado definido. Después de que la gente almuerza vemos que cosas faltan y nos quedamos preparando masas, salcitas, condimentos. Pero estoy contento, de buen humor, hacía falta un lugar así en La Plata.


El equipo de Transeúntes pudo disfrutar de un almuerzo cocinado y servido por el propio Alejandro: merluza sobre un colchón de cebollas y con salsa de tomates y arvejas, acompañada de papas a la española. Le agradecemos por darnos el gusto y dejarnos pasar un día en su maravilloso jardín.

Dirección: 5 entre 41 y 42 Número 459
Facebook: El jardín de las viandas



lunes, 21 de octubre de 2013

FIFBA 2013, una fiesta legendaria

Por Bárbara Dibene
Fotos y edición: Álvaro Vildoza



—Bienvenidos al festival, ¿les dejo el programa? —dijo una rubia acercándose a un grupo que acababa de llegar. Su nombre, Nadia, estaba indicado en el cartel amarillo que tenía prendido en la remera.

— ¡Bueno, gracias! venimos a la clase de zapateo, ¿dónde sería eso? —El primero de la fila miró desorientado la cantidad de gente que iba y venía y se acomodó la guitarra en la espalda. La rubia señaló hacia una cancha de tierra, despidió a todos con una sonrisa e interceptó a otros recién llegados con el mismo saludo.

Durante el segundo fin de semana de octubre, miles de personas se acercaron hasta el Paseo del Bosque para participar del Festival Internacional de Folklore Buenos Aires, un evento que reúne por quinta edición a artistas locales e internacionales de lo clásico y lo nuevo del género.

Los escenarios fueron montados al aire libre y cada uno respondió a las características de los shows que allí se realizaron. Uno de los más concurridos fue el Siestario, donde los adultos se adormilaban en los asientos acolchonados y en las hamacas paraguayas que colgaban de los árboles, mientras los más chicos las usaban para balancearse hasta quedar envueltos como en un capullo.

—Lucía, cuidado, te vas a caer… —balbuceaba un joven padre mientras se levantaba con esfuerzo y veía a su hija jugando cabeza abajo —.Vamos con mami que esto ya empieza, ¿dale? —El hombre la alzó desde los pies y la apoyó suavemente en el pasto. La nena se rió y salió corriendo hasta donde estaba su mamá cebando mate.

Fue entonces cuando cuatro músicos con delantal blanco se subieron al escenario cargando dos guitarras y un acordeón. Varios gritaron “los cocineros”  y los saludaron con confianza. Los chicos saltaron de las hamacas y se sentaron delante de todo formando un cordón; fueron ellos los más sorprendidos cuando al show se sumaron tres personajes con cabezas de zorro, gallina y conejo que los hacían levantarse para ponerse a bailar.

―Ma, mirá, son famosos, acá están―dijo una nena toda vestida de rosa que señalaba la foto del programa.

Una tarde de carnaval

A unos pasos del Siestario, un grupo de chicos esperaban ansiosos que Coco, uno de los organizadores del taller de “workshop humatoy”, terminara de repartir una caja para cada uno.

― ¡Yo quiero una ballena, por favor, por favor! ¿Se puede? ―Un nene muy pecoso y abrigado fue el primero en contestar qué era lo que quería hacer. Los demás lo siguieron y entre el griterío se escuchaba “un monstruo, un pajarito, un perro, un cocodrilo”.

Las mesas estaban llenas de cartulinas de colores, marcadores, tijeras y pegamentos. En cada una, los ayudantes seguían las directivas de los chicos y cortaban en las cajas los espacios para los ojos y la boca. De a poco, las máscaras fueron tomando forma y los que terminaban se acercaban emocionados a su familia.

Una nena “león” con sus ojos grandes y dientes afilados daba vueltas alrededor del coche de su hermano, rugiendo sin que éste se inmutara. La madre la hizo hacer varias poses, le sacó muchas fotos y la llevó hasta donde estaba Sebas, otro de los organizadores, un hombre barbudo y muy sonriente que daba indicaciones:

—Bueno, chicos, ahora vamos a ir a dar a una vuelta para que todos muestren lo que estuvieron haciendo, ¿les parece? —Los chicos corearon que sí y comenzaron a saltar. —Necesito un par de padres que nos acompañen y lleven estos carteles, ¿están listos? —Varias personas se ofrecieron y comenzaron a caminar en dos filas.

Los chicos se ajustaron las máscaras para ver un poco mejor y avanzaron con los más grandes: algunos solos, otros de la mano y una sola a upa, llorando enojada porque ella en realidad quería ser mariposa y no tortuga. Los grandes sacaban más fotos, filmaban, se reían y mantenían el paso tranquilo del desfile. Cuando pasaban la gente los saludaba y felicitaba, y otros chicos empezaban con las preguntas.

— ¿Por qué esos chicos tienen disfraz?, yo también quiero —protestaba un nene colgándose de la pollera de su mamá, que se movía al ritmo de la cumbia digital de Sonido Guay Neñë.

La pantalla del escenario Alternativo dejó de mostrar al percusionista y el camarógrafo del FIFBA enfocó al grupo de chicos y padres que cruzaban saludando y agitando los carteles por entre medio del público. Todos estaban parados y bailaban con sus camisas holgadas y de colores, pañuelos en las cabezas, muchos en alpargatas y otros descalzos.

Coco y Sebas fueron los encargados de producir la foto final. Acomodaron al grupo como un gran equipo de rugby y todos sonrieron a la docena de cámaras que disparaba una y otra vez. Los chicos más que felices se separaron saludándose con la mano y se fueron a disfrutar del resto del festival y más de uno, de la merecida merienda.

Recorrido gourmet

Frente a los diferentes escenarios la gente se protegía del pasto con programas de mano, toallas y sábanas para poder recostarse y descansar. Muchos se terminaban durmiendo mientras los demás continuaban la ronda del mate y comían cosas dulces. Los más preparados, aquellos que contaban con mochilas enormes a punto de explotar, sacaban desde tapers con bizcochuelos cortados en porciones generosas hasta varios paquetes de galletitas. Otros, los que sólo habían pasado a ver y les terminó gustando, aprovecharon la amplia oferta gastronómica del lugar.

Varias chicas se paseaban por el Bosque con sus canastas llenas de tortas, budines o panes rellenos y se acercaban a las rondas donde ya no veían nada para comer.

—Hola, ¿les puede ofrecer algo? Me quedó un bizcochuelo riquísimo de limón y un par de galletitas de avena —sugirió una morocha con el pelo envuelto en un pañuelo violeta igual que su pollera. La chica recostada sobre su novio lo miró y se levantó asintiendo la cabeza.

—Dale, dame dos porciones del de limón, ¿cuánto sería? —La vendedora las puso sobre varias servilletas y les dio una tarjeta de su emprendimiento “Candela, cositas ricas y sanas”.

A pocos metros, uno de los senderos era todo un paseo de comidas donde los puestos se amontonaban y enviciaban el aire con olor a humo. Varios se dedicaban a darle vuelta a los chorizos que largaban un jugo aceitoso y otros a reacomodar las pastafrolas en los espacios vacíos de las bandejas. 

En el puesto de “Arepas Col” la gente hacía cola y miraba curiosa cómo se cocinaban sus pedidos.

―Pidamos dos para probar, una de queso y otra con jamón. Hay un montón comiendo eso, ¿vieron? ―le decía una chica a sus amigas y señalaba a una pareja que compartía una arepa.
Sus dueñas, Olga y Carolina, son dos colombianas que decidieron traer esa tradicional comida de su país y empezaron esta exitosa propuesta.

―Lo bueno es que las podés rellenar con lo que quieras. Están hechas de harina de maíz y son livianitas. Hacemos delivery si te interesa, podés buscarnos en facebook ―Olga entregó varias tarjetas y el pedido, dos arepas bien calientes.

Canciones viajeras

Cuando Carlos Aguirre subió al escenario Fogón los alrededores del lugar estaban llenos de gente sentada, acostada y con cámara en mano que gritaban “negro, negro”. El músico probó el piano y puso mala cara, el sonido era difuso y acoplado.

― ¿Esto se escucha así ahí abajo?―preguntó haciéndole señas al sonidista. Muchos gritaron que sí y comenzaron a hablar entre ellos en susurros.

―Ese piano no puede estar mal, vale como un auto. Seguro conectaron algo mal ―aventuró un chico con boina que gesticulaba posibles arreglos. El encargado y tres ayudantes toquetearon los cables con gesto grave mientras Aguirre esperaba casi en el final del escenario.

 A  los pocos minutos lo llamaron y el entrerriano pudo comenzar su recital con canciones inspiradas en el Litoral, aclarando con voz y gesto tranquilo:

―La visión que tengo de esa región incluye la cultura de Uruguay y en el sur de Brasil, para el arte no hay fronteras geográficas ni de ningún tipo.

Muchos acompañaron los temas con palmas y cantando bajito, otros se dedicaron a sacar fotos esquivando cabezas. Una chica recostada sobre otra cerró los ojos, adormeciéndose. Aguirre se tomó su tiempo y entre los temas habló de su infancia, la relación con otros músicos y la alegría que le daba el “acercamiento” de los compositores. Su despedida, tan cálida como todo el recital, fue un abrazo imaginario y palabras cariñosas:

―Les agradezco a todos, se siente una energía muy linda desde acá. Hasta pronto. Le dejo paso a dos amigos, Luna Monti y Juan Quintero, otros viajeros de nuestro país.

El aplauso y el intervalo dieron paso al dúo que presentó su último CD juntos, “Después de usted”, en el que interpretan temas de diferentes compositores. Él entró con su guitarra y ella, agitando su pollera marrón y sonriéndole dijo:

― ¿Con qué empezamos, amor?  ―Y sonó primero “El cumpita”.

La gente permaneció silenciosa, atenta, apenas moviendo un poco la cabeza. Los grupos que estaban pegados al escenario les alcanzaban de vez en cuando un mate y después lo acariciaban como si hubiera sido bendecido.

—Son muy lindos, se nota que se re quieren —susurró una chica cuando la pareja se despidió, tras una hora de show, fuertemente agarrados de la mano.

El presentador apareció a los pocos minutos y recordó que a las nueve tocaría Arbolito en el escenario Panorama para cerrar el festival. La gente comenzó a pararse y caminar a paso de procesión con sus termos vacíos y programas arrugados. Al FIFBA le quedaban apenas unas horas.

—Si te fijas ya están levantando todo por allá, se termina la fiesta —anunció una organizadora por handy —, pero nadie se la va a olvidar.





viernes, 27 de septiembre de 2013

Ultimate Frisbee, la filosofía del juego limpio

Por Bárbara Dibene
Video: Álvaro Vildoza







Desde hace dos años y gracias al aporte de Riley Peck, un estudiante de Estados Unidos que vino a realizar una maestría en Argentina, los espacios verdes de La Plata se convirtieron en la cancha de un deporte que crece de a poco pero promete instalarse, el Ultimate Frisbee. Tendencia en más de 42 países, el juego consiste en el enfrentamiento entre dos equipos de siete personas que buscan anotar puntos recibiendo pases de disco en “la zona de gol”.

Transeúntes llegó hacia el final de uno de los entrenamientos realizados en Plaza Malvinas y se encontró con un grupo de jóvenes que no sólo comparten un deporte sino un “espíritu de juego”, como ellos mismos definen, y un gran compañerismo. Después de tres horas de trote y picaditos, los chicos se sentaron en ronda y merendaron pasándose el reporter de mano en mano.

—Un día Riley nos invitó a la plaza para mostrarnos un deporte que practicaba y era muy popular en su país. Cuando vimos el disco pensamos automáticamente en el juego de playa, pero él nos explicó que había reglas y hacía falta entrenamiento Desde ahí hubo quienes nos copamos y lo tomamos en serio—recordó Mercedes Napolitano mientras le daba vueltas al disco reglamentario de 175 gramos.

La Organización Mundial del disco volador es quien se encarga de confeccionar las pautas de juego y de equipamiento, y nuclear a organismos locales como la Asociación de Deportes de Disco Volador de laRepública Argentina. Una de las máximas fundamentales del Ultimate es el juego limpio, al final de cada partido se pide a los equipos que punteen a sus compañeros y en base a los resultados se da un premio al que mejor cumplió con este principio.

—Lo mejor del Ultimate es que al ser un deporte mixto y sin contacto cualquiera puede jugar. Además no hay árbitros, o en realidad todos somos el árbitro, resolvemos entre nosotros las cuestiones de faltas. —El reporter pasa a manos de Lucía, de Tierra del Fuego, quien juega hace ya varios meses.

Como en todo deporte hace falta práctica y por  eso este equipo platense se reúne tres veces por semana. Aunque dicen que al principio cuesta, como todo, la perseverancia y la ayuda de los que superaron la etapa de arrancar desde cero hace que cualquiera pueda tener un buen desempeño.

—Yo juego hace cuatro o cinco años en un equipo de mi ciudad natal. Cuando llegué acá y busqué actividades para hacer, me encontré con que podía mantener una parte importante de la vida en mi país —comentó Zander, estudiante de Estados Unidos que vino por un intercambio durante el semestre. —Es interesante ver cómo crece el deporte en la ciudad.

Zander no es el único extranjero, durante estos meses se han acercado colombianos, franceses y ecuatorianos. Muchos conocían el deporte y otros sólo se sintieron atraídos por la curiosidad, como todo el equipo de Transeúntes que los invita a sumarse al equipo y difundir el trabajo y el concepto de Ultimate "diversión, honestidad, familia y salud".

Los pueden encontrar en facebook en: Ultimate Frisbee La Plata






miércoles, 25 de septiembre de 2013

Efemérides bajo la lluvia

Por Álvaro Vildoza

Los 21 de septiembre se festejan los días de la primavera, del estudiante, y del fotógrafo. Este año, en la plaza Italia platense, faltaba la más importante. No paraba de llover desde el mediodía, y aunque la ciudad seguía con su rutina de sábado y más de diez líneas de colectivos bordeaban constantemente el lugar, eran muy pocos los que se acercaban al visitar los puestos de artesanos.



—¡Está todo el mundo yéndose y nosotros armando! —comentó un puestero de la punta noroeste de la plaza a sus compañeros, una artesana que hacía bijouterie de plata y alpaca y otro que nunca armó su puesto pero sí cebó mates comunitarios toda la tarde—. Es raro lo que digo, pero yo sé que va a parar.
Los tres coincidían en una cosa: cuando llueve no se trabaja, pero apenas sale un rayo de sol, la gente de los edificios de alrededor, los amigos que empiezan a juntarse, siempre llegan.
—Uno trabaja toda la semana, encerrado en el taller. Venir acá es un poco salir a airearse, aunque sea a estar con los compañeros y pasarla bien un rato.
Del lado opuesto de la feria, mirando a su izquierda, a una calle 7 que lleva al centro, un puestero que vende llamadores de ángeles y fuentes de cerámica envolvía su trabajo en papeles de diario y los ubicaba en varias cajas grandes de cartón. Su humor era opuesto al de su colega de la otra punta.
—¿Y qué voy a hacer? —repetía ofuscado —¿Qué voy a hacer con una lluvia así? Tengo que levantar todo y tomarmelás.
Así de cambiante es todo en esa plaza. Los olores se mezclaban entre el de la humedad de la tierra, el del café que servía un vendedor en bicicleta o de los mates con cáscara de naranja que intercambiaban los puesteros y todo aquello con el penetrante aroma a pasto mojado de los cigarrillos de marihuana.
—¿Hay faso? —preguntó un recién llegado a la charla entre un grupo de artesanos hippies muy cómicos y uno de los dos fotógrafos que rondaban la feria. El más simpático, de rostro vivaz, vestido con una campera larga y con un colmillo de tiburón atravesándole la oreja, le respondió compartiendo su cigarrillo. El hijo de uno de ellos, un niño de unos cinco años, tomaba gaseosa en lata, posaba para el fotógrafo y miraba toda la escena sentado bajo el tablón.
La lluvia llenaba los toldos que cubrían los puestos.  Vaciarlos era el entretenimiento de dos nenas; una mayor, que con un alambre saltaba y golpeaba “el techito” y la otra, con restos de pintura artística en su cara, que la animaba gritando:
—¡Otra, otra, otra más! —Y el agua caía en un solo chorro pesado, cortando con su sonido los retos de la madre.
Los timbales que tres muchachos jóvenes tocaban en un puesto, casi en el centro de la plaza, eran los únicos que producían un sonido constante además de la lluvia y el murmullo incesante de los motores que hacían de la plaza gran una rotonda. Los otros eran el de las bolsas que armaban o desarmaban  los artesanos con sus cosas y el de los diálogos que entablaban algunos estudiantes con los menos de veinte puesteros que habían decidido quedarse.
Dos empleadas municipales barrían y se esforzaban por encontrar algo que levantar y poner en la bolsa de residuos que llevaban. No había hojas en el suelo, ni basura arrojada en la semana y las bolsas en los tachos eran nuevas.

Los cotidianos
—Hay que trabajar. Es el único dinero de la semana éste. —La mujer que lo decía hablaba acariciando sus tejidos: sombreros para bebés y niños, de uno o varios colores, con hocicos de chancho, rayas de tigre o un gran ojo sobre el gorro que recreaba al personaje de la película animada Monster Inc. Era tucumana, tenía una edad que no decía, pero rondaba los cincuenta, vivía en Berisso y tomaba el 214 para llegar a la plaza todos los fines de semana hace cuatro años y el 202 para volver a su casa.
Conversaba con el fotógrafo y lo felicitó por su día, se había enterado por la radio. Él agradeció con acento norteño y las pequeñas arrugas de ella se marcaron alrededor de sus ojos y la piel, seca por el frío, se estiró en una sonrisa.
—¡Somos vecinos! Yo soy de un pueblito al borde del cerro, en Tucumán.
—¿Hace cuánto que se vino para acá?
—Y, mijo’, ya son 29 años. Vuelvo todos los años, igual. Toda mi familia vive allá. Acá trabajé en dependencia y después cuando me quedé sin nada tuve que hacer lo que sabía y acá estoy, todos los sábados y domingos.
Con la conversación los datos de la mujer se sumaban y entre el fotógrafo y ella crecía la simpatía. Hablaron de Catamarca; de la Feria del Poncho a la que a esta simpática artesana le encantaría ir; de Santa María, que según contó, la mitad era de su padre y se encuentra en proceso de sucesión. Recibida en Psicología Social “de grande”, comprendía y ayudaba siempre que los estudiantes necesitaban información sobre su trabajo.
Los estudiantes son el público que acostumbra ir a la feria de plaza Italia, con sol o con lluvia. Como aquel sábado, en el que los visitantes eran chicos y chicas veinteañeros, algunos policías que miraban a los que fumaban sin decirles nada. Detrás de su puesto, un artesano saludaba a cada uno de ellos inclinando la cabeza.
—Piki, ¿un mate? —le ofreció una mujer del puesto de enfrente.
Era un hombre alto, morocho, de ojos cansados y muy claros. Llevaba un gorro negro tejido que bien podría haber sido obra de su compañera tucumana, y su pelo blanco caía enrulado hasta los hombros. Hacía más treinta años que trabajaba en la feria:
—Eran los tiempos de la dictadura. Nos veían con el pelo largo, acá en la plaza y sí, éramos “los peligrosos”.
El tablón de Piki tenía varios manteles encimados en los que había dispuesto sin ningún orden aparente muchos retazos de cuero, fustas, billeteras, portacelulares del mismo material pero de distintos colores y grosores. Sobre su cabeza se balanceaban unas cuantas mochilas de terminación fina y resistente que emanaban un perfume “que sólo tienen los productos hechos con un buen cuero argentino”.
Unos puestos más allá, una versión físicamente parecida a un “Piki joven” trenzaba unos alambres de alpaca que daban forma a un colgante con la piedra nacional, rodocrosita, pero no de la variedad más conocida, la “Ortiz” (rosada muy pura, a veces casi roja) sino de una muy veteada con un color marrón como los cerros de donde la extraen, la “Capillita”.

Los que se van
A Plaza Italia la rodean edificios muy altos, uno moderno completamente vidriado y otros muy arruinados, de paredes manchadas de humedad. Desde allí algunos encendían unas lámparas y miraban hacia abajo: veían una plaza en la que a las cinco de la tarde quedaban de los varios autos estacionados horas antes en sus calles internas, uno solo con  el baúl abierto y el carro de otro artesano al lado de la escultura de acero inoxidable de Rodríguez del Pino. Desde la heladería del frente, sentado en el piso bajo el mostrador, con tres bolsas llenas, un viejo de barba y mirada larga tenía la vista clavada en la plaza.


—Lo que tiene La Plata es eso: un poco de sol y la plaza se llena. Ya van a ver —seguía repitiendo el artesano, mientras pasaba el mate.





miércoles, 28 de agosto de 2013

Movilización Opus 9



Por Bárbara Dibene
Fotos y video: Álvaro Vildoza



Actualmente los trabajadores del Teatro Argentino de La Plata se encuentran en conflicto con sus autoridades y con el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, a quienes acusan de no escuchar los reclamos de los diferentes cuerpos artísticos y llevar adelante una política de ajuste y vaciamiento. Ante esta situación, y con el objetivo de lograr el apoyo de la gente, realizan desde hace ya dos meses movilizaciones y funciones gratuitas en la vía pública.

A las doce del medio día de hoy se cumplió la novena convocatoria y una nueva jornada de protesta de los trabajadores, que se mostraron indignados por las sanciones que recibió la orquesta por el levantamiento de la ópera La Traviatta que debía comenzar el 16 de este mes. María Rosa Hourbeigt, integrante del Coro Estable del Teatro Argentino, declaró que fue el director quien decidió suspender las seis funciones programadas y no el plantel, además de recalcar la falta de respuesta de las autoridades: "Hasta ahora el Instituto Cultural no se hizo cargo de nuestros problemas, exigimos pago en tiempo y forma, y una programación que responda a todo lo que el Teatro tiene capacidad para ofrecer".






Luego de un breve plenario, los manifestantes se dirigieron al anexo del Senado en 7 y 49. La primera intención fue entrar al lugar, cantar el himno y dejar un petitorio; pero esto no fue posible ya que se les cerraron las puertas. La decisión fue entonces dirigirse a la Cámara de Senadores, donde gracias a la intervención de Oscar Negrelli, diputado de la provincia de Buenos Aires por la Coalición Cívica, algunos trabajadores en representación de sus compañeros pudieron ingresar y tener una audiencia.

Los reclamos son varios, entre ellos la realización de una auditoria pública para verificar la situación administrativa, contable y patrimonial del Teatro; el pago adeudado a los trabajadores y el pase a planta; la planificación de una programación en la que se pongan en funcionamiento todas las áreas artísticas y técnicas; puesta en condiciones del edificio.

Fabiana Roma, integrante del cuerpo estable de Ballet, relató que en su caso lo que más les urge es el pase a planta, "tenemos 21 personas mensualisadas hace nueve años, las cuales necesitan con urgencia un puesto estable. Están en una situación precarizada porque sus contratos se renuevan anualmente y su trabajo depende totalmente del empleador". Por otro lado, la artista detalló que están pidiendo una prorroga para los puntajes de los bailarines que ya dieron concurso, "nosotros jugamos con la edad y en los nuevos concursos se plantea el límite de veintipico de años para presentarse":

Al cierre de la marcha, el delegado gremial por ATE Hugo Ponce invitó a los trabajadores a una Asamblea en el Teatro y al público a participar este lunes 2 de septiembrea las 11 de una movilización hasta la Casa de la provincia de Buenos Aires, con el objetivo de instalar el tema en los medios de capital y nacionales.






Agradecemos a nuestros entrevistados y a Noelia Torres (http://albenpocaspalabras.blogspot.com.ar) por su colaboración durante la cobertura.

martes, 27 de agosto de 2013

De paso por Tinogasta: Finca La Sala




Por Bárbara Dibene
Fotos: Álvaro Vildoza



A nueve kilómetros de Tinogasta, la finca "La Sala" ofrece un lugar donde descansar y maravillarse con el paisaje y la cultura de Catamarca. Ubicada sobre la ruta nacional 60, forma parte de la Ruta del Adobe, un circuito histórico que recorre capillas y construcciones históricas de hasta 300 años, fabricadas con aquel material artesanal, mezcla de barro, paja y estiércol.

En el centro de la finca permanece casi intacta una casona que data de 1850 y perteneció a Darío Figueroa, un coronel que participó en la guerra por la independencia y decidió, al finalizar el conflicto, instalarse en la zona adquiriendo las 100 hectáreas que conformaron el terreno. Con las generaciones venideras, la propiedad fue pasando de manos hasta venderse en 1969, cuando fue adquirida por la familia de su actual dueño, Horacio Saldaño.

Transeúntes recorrió la finca y charló con Ana Saris de Saldaño, quien junto a su marido tomó el compromiso de restaurar la casa y emprender un proyecto turístico bajo la premisa de que el turismo es un servicio y que a los visitantes hay que ofrecerles lo mejor y con la mejor calidad.

Bajo un sol radiante que calienta el invierno haciéndose camino entre los cerros, Ana conversó con nosotros en el jardín de la casona.


¿Cómo fue el proceso de restauración de la casa?

Cuando llegamos, la casa se utilizaba como depósito de la finca. Tuvimos un gran trabajo, nos ayudó mucho la gente que pasaba y nos daba ideas, por ejemplo qué hacer con la puerta.Yo no quería cambiarla y un día pasaron unos restauradores que me orientaron y decidí dejarla así. Hoy estoy contenta por eso, porque la verdad es que si pintás, tapás y si limpiás, borrás.

Salvo la vidriería todo lo demás siempre estuvo. Mantuvimos los muebles e intentamos, a la hora de restaurar, respetar todo lo que la casa fue. La carpintería, la pintura, el frente y los techos responden a esta idea.

¿Qué usos le fueron dando a cada uno de los espacios de la casa?

Uno de los salones lo preparamos para la cultura, para que la gente del pueblo pueda mostrar su arte. Lo prestamos varias veces para exposiciones de pintura y de fotografía. Con el tiempo pensamos poder hacer audiciones y seguir dándole al pueblo esa posibilidad de tener un lugar donde se vea lo que hace.

Habilitamos un almacén de artesanías y de regionales, donde ofrecemos nuestros vinos: La sala y El Encuentro. Además, funcionamos como casa de té y restaurante, debido a que la gente que pasaba comenzó a pedirnos cosas para comer. Hoy podemos ofrecer empanadas, locro y otras comidas típicas. Cocinamos nosotros, servimos nosotros, todo lo hacemos nosotros. Contamos con dos personas que nos ayudan con el jardín y con la vajilla, pero lo demás se hace en función de nuestro trabajo.

¿Qué desafíos tienen para el futuro?

La idea es restaurar algunas habitaciones y hacer un hotel boutique, algo chiquito para poder atenderlo nosotros. Pero por ahora es una idea mientras seguimos disfrutando el contacto con la gente. A cada persona que llega le brindamos nuestro tiempo, conversamos y nos hace bien, a nosotros y a ellos.


¿Qué opinás sobre lo que busca el el turista que visita Catamarca?

Creo que la gente viene a comer algo regional, descansar y disfrutar del paisaje. Nosotros deseamos que Catamarca sea promocionada porque todos tienen derecho a conocer todo lo que ofrece la provincia. Por otro lado, busca que se lo trate bien. Si bien el turista está paseando, tiene una vida sacrificada porque tiene que comer lo que haya e ir al baño que se le ofrece, entre otras cosas.


Para terminar, ¿cómo vivieron el asumir este proyecto?

Esto fue un descubrimiento para nosotros. Cuando el padre de mi marido falleció, empezamos a venir cada tanto, porque somos de Salta, pero se nos hizo difícil y decidimos instalarnos definitivamente en Catamarca. Este proyecto vive de nuestro trabajo y estamos convencidos que dedicarse al turismo es un servicio, por eso intentamos ofrecer siempre lo mejor.




Agradecemos a la finca "La Sala" por su atención y los dulces regionales que nos regalaron. Para comunicarse y hacer reservas el teléfono de contacto es (03837-420187).