jueves, 20 de febrero de 2014

Diario de una mochilera principiante



Crónica y fotos

por Inka Von Linden


“¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?”, leí una vez de Mafalda. Entonces, este verano, decidí volar... Sin rumbo ni tiempo determinados, sabía que iba a recorrer el Sur argentino con amigos. Todo era cuestión del destino.

Ni el día de partida planificamos, ya que éste dependía de lo que tardaran mis compañeros de viaje, la Srta. Scout y el Sr. Atlántico, en llegar a dedo desde La Plata. Yo los esperaba en Bariloche, nuestra base de operaciones.

Primera parada: El Bolsón (1º parte)

Ni bien empezamos el viaje, en el colectivo que nos trasladó de Bariloche al Bolsón, fuimos parte del episodio “No jamón”.

-¡¡¡Make pi, make pi!!!- manifestó con desesperación un joven israelí mientras hacía raras señas con las manos. Sus gruesos anteojos cuadrados resaltaban aún más que la colorada cabellera, de por sí contrastante con su rostro.

-Chabón, aguantate, como me aguanto yo- contestó impaciente el chófer, que trataba de no distraerse entre las constantes curvas y contra curvas del camino.

El viajero, sentado en primera fila, insistía de manera enérgica que quería que paren el colectivo para bajar a orinar. Un dato importante para el caso es que el viaje era apenas de dos horas.

-Make pi- insistió-, ¿cuánto?- preguntó apuntando su vistoso reloj dorado.

Después de que el chófer intentara explicarle un par de veces, me vi forzada a usar mi span-inglish: “Je sey that iu weit 20 minits tu El Bolsón”. Milagrosamente me entendió y comenzó a mirar con cariño la botella vacía que llevaba enganchada en mi mochila.

-Make pi- me dijo señalándome la botella. Finalmente no tuve otra opción que cederle la botella destinada para cargar agua en el campamento. El joven se levantó del asiento, se paró en la escalera de entrada del colectivo y comenzó a señalarle la botella al chófer: ¿make pi?Este se limitó a ignorar su interrogación y a seguir manejando. Entonces el colorado optó por darnos la espalda a los pasajeros y al chofer, e intentar orinar en mi botella.

¡Pero no pudo! Terminó haciéndolo en un frasco de shampoo que le alcanzó otro de los pasajeros. Cuando al fin llegamos al Bolsón, salió corriendo hacia un arbustito.

“Es para matarte, ¡le diste nuestra única botella!”, dijo Sr. Atlántico, indignado.


En fin, con una pertenencia de campamento menos, habíamos llegado a El Bolsón entusiasmados. Y la ciudad nos dio la bienvenida con un abrazo de montaña. Esa es la sensación que trasmite, debido a que está contorneada por una pintoresca cadena de cerros. Se encuentra enclavada en un profundo valle de la Cordillera de los Andes, en la frontera con Chile, y por eso goza de un beneficioso microclima. Rápidamente nos dimos cuenta de que nos esperaba un día de muchísimo calor, tanto que parecía que estábamos en Salta.

En el aire se respiraba libertad. La ciudad del Bolsón estaba ocupada por mochi-gasoleros, todos moviéndose a pie, a dedo o en colectivo, pero jamás en transporte propio. Por eso viajaban lo más livianos posible, con lo justo y necesario: carpa, bolsa de dormir, aislante (con suerte), un pequeño anafe, arroz y fideos (infaltables) y las prendas de vestir necesarias (una de cada una). En este caso, menos es más: más sencillez, más frescura, más soltura.


Se trataba, en su mayoría, de estudiantes de entre 20 y 30 años, de cabellos revueltos, ropas polvorientas de colores contrastantes como verde y naranja, mejillas tostadas y grandes sonrisas soñadoras. La parada de colectivo, la plaza, el supermercado, todo rincón se encontraba invadido por ellos. Algo que ejemplifica el lugar que ocupaban estos “hippones” era que en el supermercado, en vez de los pequeños casilleritos para guardar bolsos y carteras, tenía casilleros XXL para las mochilas.

Doce campings a orillas del Rio Quemquetreu que atraviesa la ciudad, generan una gran dinámica mochilera, porque todo se encuentra a un paso. Intuitivamente elegimos acampar en lo que considero la mejor elección: el “Costa Bolsón”. Por 35 pesos teníamos luz, agua caliente, baños, una cocina comunitaria, fogones y acceso al río. ¡Como en casa!

El camping estaba repleto de juventud, las carpas estaban por poco pegadas, y el ambiente era de lo más amigable y musical. Casi a todas horas se podía escuchar alguna guitarra de fondo y por las noches la fogata comunal era infaltable. Cada uno se acercaba espontáneamente con la bebida que tenía para convidar, a escuchar o cantar junto a las guitarras.


Continuará.

miércoles, 22 de enero de 2014

Fotopostales viajeras


La Vieja Estación, La Plata

Por Bárbara Dibene
Fotos: Gentileza de Gilda Selis

Más de una vez nos conformamos con recibir el típico "Feliz cumple, que lo pases lindo" y sus variantes para otras fechas especiales, los medios suelen ser Facebook, mensajes de texto o, si se estima mucho a la otra persona, un llamado al celular. De a poco, hemos perdido la particularidad de nuestra escritura y el entusiasmo por el detalle, pero emprendedores como Gilda Selis y su novio, Alejandro Benson, luchan simbólicamente por recuperar una gran costumbre olvidada: enviar postales.

"De acá para allá" surge a partir de la inquietud de Gilda, una joven periodista de Tolosa, que había hecho amigos extranjeros y quería enviarles postales de La Plata para que la recordaran. El problema fue que los modelos eran básicos y formales, en todos se repetían la Catedral o el Museo de Ciencias Naturales y no se llegaba a captar "la esencia" de la ciudad. "Un día se lo comenté a mi novio, que es diseñador en Comunicación Visual, y me sugirió que si no encontraba lo que buscaba, podíamos hacerlo nosotros".

Unos meses después, en abril del año pasado, ambos se presentaron en la Feria del Libro Independiente y Autogestionada (FLIA) con las postales que habían creado, y tuvieron una muy buena recepción. "Nos dimos cuenta que éramos varios los que enviábamos postales y sobre todo los que queríamos que no se perdiera esta hermosa costumbre con el auge de la era digital".

Gilda está convencida del valor de la postal no sólo por una cuestión estética sino por la dedicación de aquel que regala. "Al recibir una postal o una carta a mano, sabés que la otra persona se tomó el tiempo de sentarse, elegir el papel o la postal, escribir en puño y letra, pensar las palabras, preparar el sobre y enviarlo desde la oficina de correo. La sensación de recibir de repente una carta o una postal debajo de tu puerta que cruzó ‘analógicamente’ el mundo es mucho más satisfactoria que recibir un e-mail en tu casilla o un saludo de cumpleaños por Facebook. Es muy distinto. Tiene esas cosas del tachado, de los dibujos, de la caligrafía, de sentir el papel, de tratar de entender las letras, lagrimear encima, y guardarlas como un recuerdo y quizás en otro momento volver a verlas".


Gilda no puede salir de viaje sin su cámara y eso le permitió tener un gran archivo de fotos para comenzar con las postales, aunque después fue sacando nuevas fotos específicamente para utilizarlas en su proyecto. "Decidimos, por ejemplo, fotografiar La Plata con ojos de viajeros y no como locales. Logramos verla con mucho arte callejero, mucho verde, con mucha arquitectura única, y con muchos detalles que pueden parecer insignificantes para quienes viven allí, pero que para los extranjeros no, como los charcos".

Con cientos de registros de paisajes de la Argentina, la joven periodista menciona como los más "fotogénicos" al Glaciar Perito Moreno, el Cerro de Siete Colores, el río Paraná y un pueblo de montaña en Salta, llamado Iruya. También logró recorrer algunos lugares en el exterior que la fascinaron y forman parte de sus colecciones de postales, como Nueva Zelanda, Montevideo y algunas ciudades de Chile donde los grafitis le robaron la atención. "Últimamente en mis viajes me paso horas caminando por las calles mirando las paredes y descubriendo mensajes escritos que hablan mucho de cada sociedad. En vez de entrar a museos que suelen aburrirme prefiero estos museos de arte viviente, al aire libre, llenos de mensajes políticos, sociales o decorativos. Muchas veces son estas expresiones callejeras las que más muestran la cultura local y las que miden el termómetro del momento social que se está viviendo en un lugar. Esos momentos que no aparecen retratados en los museos tradicionales. Valparaíso explota de arte urbano y creo que fue hasta ahora uno de los lugares más fotogénicos que visité, o por lo menos uno de esos lugares a los que quisiera volver".

Recientemente, viajó a Ecuador durante dos semanas y espera que toda esa experiencia se plasme en una nueva colección.  "En Cuenca, una ciudad colonial, llena de iglesias me encontré con decenas de murales. La selva fue increíble, pasamos unos días en el Parque Nacional Yasuní, la entrada al Amazonas y fue inolvidable. Escuchar los ruidos de la selva, convivir con insectos enormes, arañas venenosas del tamaño de una mano, hormigas del tamaño de un pulgar, alacranes letales, monos, jabalíes, caimanes. Que nos enseñaran los poderes medicinales de las plantas, la inmensidad del paisaje".



Ante las fechas especiales como el día del padre, de la madre o navidad, "De acá para allá" ofrece personalización de las postales. Gilda recuerda que por ejemplo, "para el día del amigo muchos nos enviaron fotos con sus amigos y alguna frase que representara su amistad y nosotros se las hicimos. Está bueno porque es algo que despierta emoción, y que es económico. Hoy en día no comprás nada con $10, que es el costo de cada postal". Además de esto, se atiende a la demanda de los clientes, como la de "Masa crítica", un grupo de chicos que andan en bicicleta, y necesitaban una serie especial dedicada a ellos.

Para el futuro, espera seguir diseñando y en algún momento fusionar la fotografía con la escritura, tal vez agregando textos propios a las postales. Por ahora pueden contactarla en facebook y hacer su pedido, o si son de La Plata acercarse al Pasaje Rodrigo (51 entre 4 y 5) y verlas en el local Reina Batata. Desde Transeúntes le deseamos que los viajes continúen y las postales se multipliquen.

Facebook: De acá para allá

viernes, 3 de enero de 2014

La fiesta del muñeco: una tradición en La Plata

Por Bárbara Dibene
Fotos gentileza de Carolina Mostaccio

Haciéndole frente a la ola de calor más larga en la historia del país, cientos de platenses trabajaron hasta el último día de diciembre en la construcción de los tradicionales momos, enormes muñecos de madera, engrudo y papel, que durante la noche del nuevo año se hacen cenizas para celebrar lo que viene. Transeúntes comparte con ustedes un poco de los festejos, luego de pasar la tarde y la noche del 31 con los vecinos del "minion tropical".




Cuando en 1956, Luis Tortora armó el muñeco de un jugador de fútbol en honor al triunfo de Cambaceres en la Liga Amateur, seguramente no imaginó que su ocurrencia se convertiría en toda una tradición. Sólo el tiempo y el entusiasmo contagioso lograron que poco a poco los muñecos se multiplicaran y perfeccionasen. La dictadura fue lo único que los apagó, pero a fines de los ochenta renacieron con fuerza y hoy son la marca registrada de una ciudad que los adoptó y los hace hablar.

"Ponele todo, dale, que haga ruido", indica Carolina,  la joven organizadora del  momo N°142. El frente de su casa es, desde hace varios días, un taller al aire libre y hoy no es la excepción, su familia está armando bollos de papel de diario y prepara cuidadosamente los cohetes. Ella ya los contó, son 160. Los nombres de los petardos le causan gracia: "tumba ranchos bien villero" y "mata suegras" son los más populares y los más económicos. Este año una torta de 16 fuegos ronda los 150 pesos y las colectas no dan abasto.

En la mayoría de los barrios, los más chicos son los encargados de pedir monedas. Con tenacidad copan las esquinas y se quedan por horas esperando y deteniendo a los autos. Pero en este caso el rol lo tiene Camila, que con sus catorce años y una latita en las manos repite arrastrando las palabras "una colaboraciooooón". Por política propia, la familia no puso sogas ni cortó la calle, simplemente dejan que la gente se acerca voluntariamente y tienen suerte porque muchos lo hacen.



Viviana, la madre de Carolina, está sentada en una reposera en la vereda y celebra la recaudación de su sobrina. "Mira cómo encara Cami. Algo hay que darle, aunque sea un helado se tiene que comprar, un cuartito acá en la esquina". Luego recuerda cuando empezaron con la tradición, hace muchos años ya, con la idea de tener entretenidos a sus hijos y sobrinos durante las vacaciones, y como se fueron sumando otras gratificaciones, "la primera vez hicimos un Piñón Fijo y nos morimos de alegría porque la cuadra estaba llena, se había movilizado todo el barrio. Lo más lindo es la cara de los nenes cuando hacés una figura infantil, se ilusionan mucho".

Los muñecos adoptan formas diferentes todos los años, algunos personajes se mantienen y otros se viralizan por las películas de moda, como los Minions, de "Mi villano favorito", que se repiten en varias esquinas. Esta vez fueron 191 los inscriptos, cuyos responsables tuvieron que pasar por charlas informativas y obligatorias, en las que les explicaron cómo y con qué rellenar sus muñecos y a cuánta distancia de él ubicar las sogas de seguridad.

Cada muñeco lleva muchísimo trabajo. Carolina fue, en este caso, la encargada de elegir el personaje, dibujar el diseño y tomar las medidas para que las dimensiones sean las correctas. "Teníamos todo controlado, el tema de la cartapesta y la pintura re bien, lo que nos faltaba era alguien que nos ayude con la estructura, costó conseguir que nos ayudaran los hombres", se burla mientras saluda a la gente del barrio. Son casi las siete de la tarde y muchos se acercan a preguntar a qué hora lo queman. Como todas las veces anteriores será temprano, a la una y media.



Después de casi un mes de preparación, todo está listo y el clima da tregua. De los 38 grados de sensación térmica, ahora se disfrutan unos 33 y de un leve viento que alivia. Viviana se levanta y avisa que se va a bañar y empezar a preparar todo, nos saluda y felicita al grupo, "somos meritorios por hacer el esfuerzo con la temperatura de estos días. Salíamos de la pileta, hacíamos un poco y volvíamos al agua. Estamos contentos por cómo quedó".

La quema

A la una, la esquina de 140 y 49 está llena de familias esperando por el "Minion Tropical", iluminado por varios reflectores blancos. Un grupo de chicos de unos diez años llega en bicicletas, mientras otros, más pequeños, van de la mano de sus padres y se sientan en el cordón de la vereda. Desde la casa de Carolina y Viviana el cuarteto se escucha a todo volumen.

A los pocos minutos, todos empiezan a aplaudir. Los horarios se respetan casi religiosamente para que el que quiera pueda correr al resto de los muñecos, que arderán en diferentes tiempos y barrios. El papá de Carolina, un hombre alto y forzudo, hace un poco de ruido con petardos antes de prenderle fuego al muñeco desde el sombrero lleno de frutas. La explosión y el calor hace retroceder a los valientes que forman la primera fila.

Desde más atrás, niños a caballito aplauden y se ríen. El fuego dura varios minutos y muchos filman y sacan fotos. Los chicos de las bicicletas se van a otro muñeco, pero otros tantos se quedan hasta el final. La música sigue y la fiesta también, la noche es larga.





miércoles, 1 de enero de 2014

Año Nuevo holandés: entre nieve y cañones

Por Silvia Rego, desde Vriezenveen

Inauguramos nuestra corresponsalía Transeúnte con una caminante que ama viajar. Tanto que después de más de medio día de viaje , llegó a Vriezenveen, un pequeño pueblo a unos 150 kilómetros al este de Amsterdam, Holanda para pasar unos días entre la nieve y los paisajes tan distintos a los nuestros. Silvia Rego hace una breve reseña sobre los festejos por Año Nuevo y muestra en sus fotografías, casi en tiempo real, lo que ocurre por esos lares.


Los pobladores de cada región holandesa tienen sus propias formas de festejar el último día del año viejo y el primero del que acaba de llegar. En el norte, los holandeses más valientes se dan el famoso "Chapuzón de Año Nuevo", en el helado Mar del Norte. Este evento se organiza en varias playas, pero el más popular es el de la playa de Scheveningen, en La Haya.

En la zona rural de los Países Bajos, los agricultores holandeses sienten especial predilección por la pirotecnia. Llenan barriles con carburo y agua para luego taparlos y ponerlos a calentar, fabricando cañones caseros , llamados carbidkanon. Tradicionalmente, el 31 desde muy temprano los llevan en carros y tractores a zonas muy abiertas y los hacen explotar durante todo el día, intensificando los estruendos con la llegada del primer día del año nuevo. Así, lanzando petardos y tracas (petardos y cohetes colocados a lo largo de una cuerda, que van estallando uno detrás del otro), es como los habitantes de este país toman algo de calor, ya que las calles están heladas o nevadas para estas fechas. Pasada la medianoche, la gente sale a la calle para ver los fuegos artificiales y celebrar el año entrante .



Las luces de los hogares se apagan , “todas “, porque es una "noche de travesura" y dejar las luces encendidas hace a las casas un blanco fácil para la "tentación". Así transcurre el comienzo del año nuevo, algunos en silencio y otros en las calles realizando las primeras travesuras del año, que pasan de generación en generación, tales como incendiar fardos, subir carros a lugares insólitos como el techo de una casa.

Y así como los argentinos nombramos el mantecol, la garrapiñada, para ellos la comida típica del año nuevo son los famosos Oilebollen que se deben probar sí o sí. Estos panes de aceite son grandes bolas fritas redondas, cubiertas de azúcar, de varios sabores, parecidas a nuestros buñuelos aunque con un sabor distinto pues suelen estar rellenas de pasas, y se preparan para esta fiesta en las casas.

Muchas personas se pasan el resto del 1 de enero en silencio, a menudo en compañía de familiares o amigos cercanos. Otras, preparan excursiones o salen a andar en bicicleta por el campo, u organizan una recepción de Año Nuevo con una comida en reunión.


lunes, 30 de diciembre de 2013

No hay calor que deje sin pacota al Niño


Diciembre es un mes riojano, escribía Arturo Ortiz Sosa en los años 60 para la corresponsalía del diario La Nación; es en este mes tan ardiente, en el que se juntan las familias y las fiestas de San Nicolás, el Encuentro y la Nochebuena, cuando los pastos se secan, y muchas familias desempolvan las cajas con las figuras de un Jesús recién nacido para "armar" el pesebre y esperar el canto de las "pacotas", homenaje que hace más de un siglo, jóvenes y adultos le dedican con coplas y vidalas navideñas. Transeúntes acompañó a una de ellas, desde el ensayo hasta la sexta y última visita.




—Por acá, por acá —gritó un hombre salido de la oscuridad. Saludaba desde la mitad de la calle. —La señora está enferma y los está esperando.

—Se viene el cuarto, no más. ¡Che, para allá! —Hulda, guitarrista y profesora de música, con su instrumento al hombro, dio media vuelta y guió a la “pacota”, el grupo de seis niños, dos bebés y unos cuantos adultos que habían salido a cantarle villancicos al Niño Dios. Caminaban todos juntos al ritmo que Panchi, de once años, marcaba sobre el tambor. Los demás cantaban, o conversaban, buscando la estrella de luz sobre la casa en la que estaba armado el pesebre. 

Los valientes del barrio, que escuchaban el alboroto y salían a la vereda dejando atrás el aire acondicionado, miraban encantados al grupo que avanzaba; algunos señalaban el camino, hacia tal o cual patio, o tal galería, o bajo esa parra; otros, habrán deseado “vestir”, como se dice en La Rioja, al niñito Jesús, para que la música llenara de cerca unos pocos minutos de la noche.

—Allá, allá, hay que cruzar —ordenó una de las pacoteras más grandes; llevaba dos nenas de la mano, miró a los demás y cruzaron todos juntos. Debajo de una estrella azul, hecha de alambres y luces, esperaba más gente. César, con el charango sonando, fue el primero que llegó, saludó, intercambió felicidades y todos pasaron al patio.

En una hilera semicircular, los dueños de casa y algunos vecinos aguardaban sentados frente al pesebre. Apenas unos focos encendidos colaboraban con la iluminación íntima y especial, dedicada a la imagen del Niño Dios, notablemente más grande que el resto de las figuras, ya que originalmente las familias ubicaban sólo al recién nacido, para ir agregando otras con los años.

Las figuras, cuentan, se heredan por generaciones y son guardadas con mucho cuidado hasta cada 8 de diciembre, cuando cada integrante de la familia cumple con su tarea asignada: se allana la tierra, se prenden estrellas, se busca y se pone pasto, se construyen pequeños lagos, y con bolsas de papel pintadas o cubiertas de polvo de ladrillo se forman montañas, refugio ante el sol siestero, como las de La Rioja misma. Más tarde se colocan las figuras de los reyes magos, los pastores, las ovejas y los burros, todos admirando al Niño, al que con orgullo se le obsequian también los primeros higos y las mejores uvas.



La guitarra dio el primer acorde, el charango y el tambor marcaban el ritmo, y los niños, con toc toc, panderetas y maracas caseras armadas con envases de yogurt, acompañaron el canto de los más grandes y cantaron ellos también:
Venid, pastorcillos,
venid a adorar,
que el Rey de los cielos
ha nacido ya.

Todos, visitantes y visitados, cantaban y aplaudían. Desde la calle sonaban los estruendos de las cañitas voladoras y petardos con los que los vecinos celebraban el homenaje del coro al Recién Nacido.

Con el final de los cantos, aparecieron la dueña de casa y sus hijas, felicitaron emocionadas a los pacoteros y les ofrecieron gaseosa bien fría y chupetines “para los más chicos”. Antaño, el refresco era aloja, una bebida dulce elaborada artesanalmente con el fruto del algarrobo; hoy, en cada pesebre, los agasajados convidan pan dulce y sirven agua mineral, gaseosas y hasta regalan bolsas con hielo, pues el calor es tan intenso que seca las bocas de los cantores y el frescor de las bebidas no dura mucho al aire libre.

Cuando los obsequios terminan, la pacota continúa su camino, en busca de estrellas o de invitaciones que muchas veces los hacen retroceder. Los chicos aprovechan para intercambiar instrumentos, enseñar a los menos experimentados las letras de los villancicos, y, entre gritos y saltos, se mojan la cabeza con agua fría, adelantándose a los carnavales chayeros que todos esperan, en un febrero más templado. 


jueves, 19 de diciembre de 2013

A lo que el cielo no pudo esperar

Por Daiana Gimenez


—La próxima vez que vengan va a estar más lindo —dice Javier. Tiene 21 años, el pelo ondulado, una barba incipiente, y un brillo en la mirada. Lleva una remera del Indio Solari; lo va a ver cada vez que puede, como a su otra pasión: Almirante Brown. Tiene un pantalón corto negro que dice CJS, la forma en que suele identificarse a Callejeros.
Javier es de La Matanza. Todos los días se toma el bondi a metros del santuario de Cromañon, así que pasa. Le da lástima como está. Ya no va nadie, dice. Nadie lo cuida. Así que se llevó una pala y un machete para limpiarlo. Para sacarle la maleza.
Tenía 12 años cuando ocurrió la tragedia de Cromañón.  Él no fue. No estuvo en ese recital porque días atrás ya había ido a verlos.  Desde los 10 años seguía a Callejeros; por lo general  iba con Lucas, su mejor amigo. Vivian juntos. A los recitales, a todos lados juntos. Cuando habla de él sus ojos marrones se iluminan más.
Hoy Javier tiene tatuada en su pierna derecha la palabra Callejeros junto con las zapatillas colgando, en amarillo y negro,  y el nombre de su amigo abajo.
El 15 por ciento de los muertos esa noche no había cumplido aún los 16 años; el 20, no llegaba a la mayoría de edad.  Lucas Gabriel Pérez figura como la victima 139, tenía 12 años. Era hincha de boca y  estudiaba en el Instituto Buenos Aires, de Isidro Casanova. La causa de su muerte: asfixia. Su foto en el santuario muestra un chico con una sonrisa tímida, una mirada decidida, gorra blanca y remera amarilla.
"No me dejaron verlo. Me dieron una bolsa con un cuerpo que, me dijeron, era mi hijo. Lo busqué dos días. Recorrí todos los hospitales", recordaba ante La Nación, un año después de la tragedia, Hilda Alvarado, madre de Lucas.
El 1 de noviembre Lucas hubiera cumplido 21 años. No recibió los saludos, a diferencia de muchas otras víctimas, con un cartel colgado en el santuario sino en las redes sociales. Javier en su cuenta de Facebook le deseaba un feliz cumpleaños lamentando no poder decírselo “en la cara” pero “más allá del dolor, tengo toda la paz del mundo al saber que todo lo que hago, todo, te pido opinión, consejo o simplemente una señal para ver si está bien o mal…te extraño tanto corcho, pero bueno, sé que un día nos vamos a encontrar y vamos a ser lo que supimos ser…”
La noche del 30 de diciembre la calle Bartolomé Mitre se vio repleta de gente. Corriendo los que podían, arrastrándose otros. Ante la lentitud de los sistemas, muchos chicos que pudieron salir esa noche volvieron a entrar para sacar gente, arriesgando su vida. Se calcula casi la mitad de las muertes de esa noche fueron chicos que ingresaron nuevamente al boliche.
El santuario se divide en dos partes y en muchas historias. La primera de estas partes está sobre Bartolomé Mitre, en la esquina con Ecuador, a unos 50 metros del boliche. Una cruz y una estrella de David se levantan  en la entrada de “El santuario de nuestros ángeles del rock” junto a unos banquitos desde donde se puede ver este homenaje hecho por familiares, amigos y sobrevivientes de Cromañón.
Un reloj de pared marca las 7.30 aunque sean las 16hs. Antes tuvo sus agujas pegadas con cintas en las 22.50, hora en que el 30 de diciembre de 2004, se desataba el incendio,  consumiendo así el futuro de 194 personas. Ahí están sus rostros, en una gran galería fotográfica que los inmortaliza en la memoria. Quizá uno de los objetos más significativos sean las zapatillas, que ya no tienen el color que tenían, que hace casi 9 años están colgadas ahí.
Los pedidos de justicia se hacen presentes con stickers, banderas y  recortes de diarios. El santuario señala con el dedo a Aníbal Ibarra, el entonces intendente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Omar Chabán, el gerente de Cromañón, quien fue detenido en diciembre pasado.
La segunda parte del Santuario está cruzando la calle, dedicado “A lo que el cielo no pudo esperar”. Ahí las fotos están llenas de hollín, por el paso de los autos. Un nylon busca protegerlas inútilmente de la lluvia; hay masetas sin flores ni tierra. Un cartel pide que no se orine ni se ensucie este lugar: lo primero, en apariencia, no pasa; lo segundo, sí. Botellas, plásticos, papeles, folletos pueblan el suelo.  A eso se le suman los yuyos y un pastizal que nace entre las piedras.
Ahí, entre medio de ese olvido, a los pibes se los recuerda.  “No permitas que olvidemos tu voz, ni tu sonrisa, ni tus abrazos de oso…” le escribió su familia a Leandro Schipak, un joven de 24 años, para el quinto aniversario de la tragedia. Dani le escribe  en cursiva a Tefi “es mi estrella, mi Dios, mi razón” citando a Callejeros; abajo, Juan, el 1 de julio de éste año, le escribe que siempre va a estar en su corazón.  A Abel, alguien en una larga carta dice que lo extraña. Es Sandra, su hermana, que dice estar orgullosa de él, y que sólo espera soñarlo para así compartir unos instantes juntos. Para recordar a Seba, Kari escribió junto a su foto “En mi corazón Gallina y Ricotero vivirá la sonrisa de un bostero”. A Diego Reinaldo Maggio le escribe su hermano menor, contándole de los nervios de esa noche, la desesperación por no saber nada de él, de imaginarse lo peor y que finalmente sea lo peor. Las palabras se repiten, el dolor de todos es el mismo.
Para Javier “no hay justicia, quienes están presos son ‘perejiles’. Entre ellos, Callejeros.” Como muchos, él cree en la inocencia de la banda. Este hincha de La Fragata también se pone la albinegra en defensa de los músicos, esa camiseta que reza “Justicia, Callejeros Inocentes” al igual que un gran número de artistas y referentes de nuestro país como Adriana Varela, Martin Palermo, Víctor Hugo Morales, Carlitos Tevez, León Gieco y  Estela de Carlotto.
La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo tiene un nieto involucrado de forma más directa. Es Juano Falcone, músico de Casi Justicia Social, la banda encabezada por el Pato Fontanet luego de la disolución de Callejeros. Falcone se convirtió en una especie de vocero de la causa. Tras la detención de Patricio y el resto de los miembros de Callejeros, comenzó, junto a sus compañeros y con otros militantes para pedir por la libertad de Callejeros.

Las responsabilidades

En la parte superior del boliche, hay una placa metálica, donde se lee
Bartolomé Mitre al 3066.
LOCAL DE BAILE
CLASE “C” DE LAGARTO S.A
B MITRE 3060
La propiedad estaba a nombre Nueva Zarelux, dueña, además, del hotel Central Park, pegado al boliche. La habilitación para usar el local está a nombre de Lagarto S.A, sociedad que le alquiló a Chabán el boliche. Detrás de este entramado de empresas están  Raúl Vengrover y Rafael Levy, los verdaderos dueños del boliche, este último condenado a cuatro años y medio de cárcel.
Hoy Cromañón es un gigante de verde y rosa. Arriba se viste de negro y no es pintura. Unos chicos de unos 10 años juegan a la pelota en la puerta que hace las veces de arco. Las fajas de clausura se gastaron con el paso del tiempo aunque deberían haber estado mucho antes. La habilitación de Lagarto S.A se vencía una semana después de la tragedia, sin embargo, para los peritos el local “tendría que haber sido clausurado porque el material de su techo era altamente combustible”.
Otra de las razones por la que Cromañón debería haber estado cerrado es por el exceso de público. 1.037 era la capacidad permitida. Ese número se triplicó. La noche en que ocurrió el incendio había más de tres mil personas. Según El Movimiento Cromañón,  que nuclea familiares y sobrevivientes, la policía recibía cien pesos por cada quinientas personas extra que se permitía ingresar.
Pero Cromañón no era el único lugar en estas condiciones. Así lo demuestra el “Efecto Cromañón” : según una nota publicada por Juano Falcone donde señala que “durante el 2005 las clausuras se multiplicaron y la cantidad de boliches funcionando se redujo considerablemente: en mayo de ese año había 55, en diciembre, 67. Una porción mínima de los más de 200 que funcionaban a fines de 2004. Las clausuras, sólo en el rubro boliches, ascendieron a 370”.

La situación de Callejeros




En el 2009 se absuelve a Callejeros. Sin embargo, la Justicia tenía que encontrar responsables  para calmar a la opinión pública (principalmente a los padres que están en contra de la banda) y el 17 de octubre del 2012 la Cámara Federal de Casación Penal  emitió un dictamen contra de Callejeros, declarándolos culpables del incendio ocurrido el 30 de diciembre del 2004 en el boliche Cromañón, bajo una condena de 5 a 7 años de prisión. “Solo por tocar”, dice Javier.
El 20 de diciembre de del 2012 se ejecuta esa pena y los músicos son arrestados de forma inconstitucional.  Hace un año.

“Un procesado debe tener 2 instancias condenatorias para que se ejecute la pena, no una. Ellos tienen una absolución y una condena” explica en simple palabras el famoso “doble conforme” Juano Falcone. “Por eso nosotros decimos que la prisión en esta instancia es inconstitucional, ni siquiera estamos nosotros saliendo a poder discutir la inocencia y el pedido de absolución, estamos  pidiendo que el próximo tribunal que los tenga que juzgar los haga con ellos en libertad” dice el nieto de Estela.
Para Falcone, la justicia se encuentra con un problema mucho mayor si Callejeros es inocente “porque realmente lo que falló para que Cromañón estuviera abierto fue todo un engranaje con el que el sistema trabaja, convive y sigue fallando hasta el día de hoy”.
Sin embargo, el panorama de Callejeros se ve hoy por hoy mucho más claro. Carlos Casal, procurador fiscal ante la Corte, presentó 14 dictámenes para que se revise el falló contra la banda, donde se pide que se suspenda la ejecución de pena (osea que los músicos queden en libertad) hasta que no haya un falló firme. Falta ahora la opinión definitiva de la Justicia.
Este 20, se va a llevar a cabo un masivo abrazo a Tribunales a un año de la prisión de la banda, pero el hecho no va a quedar ahí. Hay en el país más de 20 movilizaciones simultáneas, para pedir por la libertad de Callejeros y por una verdadera justicia por Cromañon.
Para Javier “es más fácil culpar a los que están abajo que a los que están arriba. Contra el poder no podés.” Para él, necesitaban un preso, alguien que pague, y ahí está Callejeros. Algo que cuesta entender, dice y con razón, que “una persona que canta, que toca la guitarra, no mata a 194 personas”.


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Santuario Cromañon, un álbum en Flickr.



jueves, 5 de diciembre de 2013

Let`s Hangout, otra forma de aprender idiomas en La Plata





Por Bárbara Dibene y Álvaro Vildoza
Fotos: gentileza de Let´s Hangout

—Che, ¿y ésta de qué país es? Creo que no la había visto nunca en mi vida —dice una rubia muy alta mientras señala una de las banderas que están sobre la mesa de entrada. A su alrededor, varios chicos intentan adivinar la respuesta y uno pelea con el sticker de una de Colombia. Casi todos eligen la de Estados Unidos, que indica que estuvieron allí o que pueden comunicarse con los que hablen en inglés; otros, le añaden una de Brasil, otros la de Francia, o la de Canadá. Algunos tienen tres o cuatro banderas pegadas en fila, desde el corazón hasta la panza.

En "Lo de Dardo", un espacio pegado al café del Centro Cultural Dardo Rocha, suena desde adentro el ritmo bossa que acompaña a los jóvenes organizadores del evento Let`s Hangout. Manuel Alfano es uno de ellos y quien hace las veces de mozo, yendo de la barra hasta las mesas de afuera, donde varios grupos de chicos comienzan a charlar entre sí.

La idea es simple pero efectiva, tener un espacio donde practicar idiomas "de una forma divertida y no convencional". Cada participante sólo tiene que elegir las banderas que representan los idiomas que conoce
y comenzar a charlar sin consignas ni temáticas establecidas. La libertad y la posibilidad de interactuar con gente que comparte intereses logra que la timidez se vaya perdiendo. Después de unos minutos, los recién llegados se integran y los acentos se mezclan.


Manuel aprovecha que todo está en marcha y se sienta a la mesa para contarnos sobre este proyecto que está en su etapa inicial. Nos invita una cerveza y sólo se interrumpe para saludar con una sonrisa a los que van entrando al lugar.

"Todavía estamos en plena prueba piloto, pero vamos bien. Cuando inauguramos tuvimos gran repercusión. Todo el mundo estaba contento y preguntaba cuando volvíamos a hacerlo. Este es el cuarto y último encuentro del año, pero esperamos seguirlo".

Fundación ciudad de La Plata funciona desde 1983 y busca promover y desarrollar, entre otras cosas, la cultura de la sociedad platense. El proyecto Let´s Hangout se gestiona gracias a ellos y el impulso dado por Manuel y otros jóvenes que participaron del programa de intercambios y voluntariados de AIESEC. Todos compartían las ganas de viajar y aprender las costumbres y características de otros lugares del mundo.

"Cuando nos juntamos con Pame y otras chicas para formar una especie de comité organizador, la idea fue pensar cómo articular el proyecto y conseguir el espacio. Por suerte, teniendo el apoyo de la fundación para acercarnos a la secretaría de cultura, pudimos conseguir este espacio y el año que viene esperamos poder ir rotando todos los meses".

Las historias de los que llegan al evento no son tan diferentes. Muchos se enteraron por el Facebook o por los comentarios "de un amigo de un amigo" y les llamó la atención. También comparten viajes por cursos o programas de intercambio y la necesidad de mantener y mejorar el idioma. Algunos parecen tímidos al principio, y otros rápidamente encuentran de qué hablar.

"Este es un buen momento para este proyecto. Se están generando movimientos culturales nuevos y originales, como las rodas. Esto innova para el platense porque no hay una "metodología". Acá se puede tomar algo, tranqui, e ir soltándose".

Manuel nos despide resaltando la ayuda de difusión que recibió de Pachi, dueño del hostel de Frankville, donde también funciona la radio que mantiene activa con los viajeros. Para el año próximo espera seguir el proyecto con sus compañeras, sumar gente y trabajar aún más para que Let`s hangout se conozca en toda la ciudad y logre posicionarse como una gran alterativa cultural y de aprendizaje,



Para encontrarlos en facebook pueden hacer click en: Let`s Hang Out.